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Prof. Dr. Ersin Gündoğan

Preguntas frecuentes

Aquí encontrará respuestas generales a las preguntas que se hacen con más frecuencia en la consulta. Para una valoración específica de su caso es necesaria una consulta.

No. Los quistes de páncreas, la pancreatitis crónica, la pancreatitis autoinmune y algunos tumores benignos también pueden dar la imagen de una masa en el páncreas. Para una valoración definitiva se realizan pruebas de imagen con protocolo de páncreas y, si es necesario, ecoendoscopia y biopsia.

Cáncer de páncreas →

Si se va a iniciar quimioterapia o radioterapia, es necesario confirmar el diagnóstico mediante biopsia. En algunos pacientes que en las pruebas de imagen tienen un aspecto típico y son aptos para una operación directa, la biopsia previa puede no ser obligatoria. La decisión debe tomarla el comité multidisciplinar.

Cáncer de páncreas →

No. El CA 19-9 también puede elevarse en la obstrucción de las vías biliares, la pancreatitis y otras enfermedades. En cambio, en algunos cánceres de páncreas puede permanecer normal. Por sí solo no es una prueba diagnóstica ni de cribado.

Cáncer de páncreas →

En los pacientes en los que toda la enfermedad puede extirparse quirúrgicamente existe la posibilidad de una curación duradera. Sin embargo, por el riesgo de recidiva, la operación suele combinarse con quimioterapia. En la fase avanzada, el tratamiento busca controlar la enfermedad y prolongar la supervivencia y mejorar la calidad de vida.

Cáncer de páncreas →

Sí. La decisión sobre si es posible operar debe tomarla un equipo con experiencia en cirugía y radiología de páncreas. Algunos tumores localmente avanzados o resecables límite pueden volver a valorarse después de la quimioterapia.

No obstante, no todos los pacientes llegan a ser operables tras el tratamiento.

Cáncer de páncreas →

No. En la operación de Whipple no se extirpa todo el estómago. En la mayoría de las técnicas se conserva el estómago; en algunos casos puede extirparse una pequeña parte de la zona de salida del estómago.

Cáncer de páncreas →

Sí. Si la parte restante del páncreas funciona lo suficiente, la digestión y el control de la glucosa en sangre pueden mantenerse. Algunos pacientes pueden necesitar enzimas pancreáticas o tratamiento para la diabetes.

Cáncer de páncreas →

Es necesario usar insulina de por vida y tomar enzimas pancreáticas con cada comida. Con un seguimiento estrecho por parte de un equipo con experiencia en diabetes y nutrición puede llevarse una vida normal.

Cáncer de páncreas →

A la mayoría de los pacientes con un estado general adecuado se les recomienda quimioterapia después de la operación. El tratamiento y su duración se determinan según si se ha recibido tratamiento antes de la operación, el resultado anatomopatológico y la recuperación del paciente.

Cáncer de páncreas →

La duración del tratamiento varía según el estadio de la enfermedad:

  • La quimioterapia antes de la operación suele durar varios meses.
  • La recuperación después de la operación suele llevar varias semanas.
  • La duración total de la quimioterapia en torno a la operación suele planificarse en aproximadamente seis meses.
  • En la enfermedad metastásica, el tratamiento puede continuar mientras aporte beneficio y los efectos secundarios sean aceptables.

Estas duraciones son aproximadas; el plan de tratamiento personal puede ser diferente.

Cáncer de páncreas →

Primero se valoran la causa de la ictericia, la infección de las vías biliares y si el tumor es operable. Algunos pacientes pueden operarse directamente, mientras que otros pueden necesitar primero un stent biliar y quimioterapia.

Cáncer de páncreas →

En las operaciones del cáncer de páncreas no se utilizan de forma rutinaria estomas intestinales, es decir, bolsas. En raras ocasiones pueden ser necesarias ante complicaciones intestinales muy especiales e inesperadas.

Cáncer de páncreas →

No se recomienda el cribado del cáncer de páncreas en toda la población. Sin embargo, las personas con antecedentes familiares marcados o con determinadas alteraciones genéticas hereditarias pueden seguirse en programas creados para personas de alto riesgo.

En el seguimiento suelen utilizarse la RM/CPRM de páncreas y la ecoendoscopia. La edad de inicio se determina según los antecedentes familiares y la alteración genética.

Cáncer de páncreas →

Sí. Las recomendaciones actuales de la NCCN aconsejan realizar un estudio genético hereditario a todos los pacientes diagnosticados de cáncer de páncreas, aunque no haya antecedentes familiares de cáncer [1]. El resultado puede influir tanto en el tratamiento como en la valoración de los familiares.

Cáncer de páncreas →

Que un equipo multidisciplinar con experiencia vuelva a valorar las imágenes con rapidez puede ser útil, sobre todo en lo que respecta a si el tumor es operable. Sin embargo, la valoración no debe prolongarse innecesariamente ni retrasar el tratamiento previsto.

Cáncer de páncreas →

Ante los siguientes síntomas debe ponerse en contacto sin demora con el equipo sanitario:

  • Fiebre y escalofríos
  • Ictericia nueva o que aumenta
  • Vómitos persistentes e imposibilidad de tomar líquidos
  • Dolor que no se puede controlar
  • Pérdida rápida de peso
  • Heces negras o sangrado
  • Hinchazón de una sola pierna
  • Falta de aire o dolor torácico repentinos
  • Fiebre alta durante la quimioterapia
Cáncer de páncreas →

Los cálculos en la vesícula biliar no se convierten directamente en cáncer. El cáncer de vesícula biliar es bastante raro. Aunque se piensa que los cálculos grandes y de larga evolución pueden aumentar el riesgo en relación con la inflamación crónica, en la inmensa mayoría de las personas con cálculos biliares no aparece cáncer.

Si en la ecografía se ve un engrosamiento irregular de la pared de la vesícula biliar, un pólipo o una masa, es necesaria una valoración adicional.

Cálculos en la vesícula biliar →

En la mayoría de los casos, no. En los cálculos biliares que no dan ningún síntoma y sin otros hallazgos sospechosos en las pruebas de imagen, no se recomienda la cirugía de rutina. Puede bastar con que sepa ante qué molestias debe consultar al médico.

Si hay un cálculo grande, un pólipo de la vesícula biliar, cambios en la pared o algunas enfermedades especiales, la decisión se toma de forma individual.

Cálculos en la vesícula biliar →

En los cálculos encontrados de forma casual en una vesícula biliar de aspecto normal y que no dan ningún síntoma, en la mayoría de los pacientes no es necesario un seguimiento ecográfico periódico. Si aparece un dolor nuevo, fiebre o ictericia, debe hacerse una nueva valoración.

Si hay un pólipo de la vesícula biliar, un engrosamiento de la pared u otro hallazgo sospechoso, puede ser necesario un programa de seguimiento distinto.

Cálculos en la vesícula biliar →

El tamaño del cálculo es uno de los criterios utilizados en la valoración, pero por sí solo no es suficiente. Se valoran conjuntamente los síntomas del paciente, el número de cálculos, el aspecto de la pared de la vesícula biliar, la presencia de un pólipo o una masa asociados y el estado general de salud.

Los cálculos muy pequeños también pueden pasar al conducto biliar y causar pancreatitis o ictericia. Por ello, no puede hacerse una distinción tajante del tipo “el cálculo pequeño es inofensivo, el cálculo grande es peligroso”.

Cálculos en la vesícula biliar →

Ambas situaciones pueden tener riesgos diferentes. Los cálculos pequeños pueden pasar con más facilidad al conducto biliar y causar pancreatitis o ictericia. Los cálculos grandes, en cambio, pueden relacionarse con una compresión e inflamación prolongadas.

En la decisión de operar no solo importan el número y el tamaño de los cálculos, sino también los síntomas del paciente y las complicaciones que hayan aparecido.

Cálculos en la vesícula biliar →

Un cálculo pequeño de la vesícula biliar puede pasar al conducto biliar, pero esto no siempre es algo bueno. El cálculo puede pasar del conducto al intestino, pero también puede obstruir el conducto biliar o la salida del conducto pancreático y causar ictericia, infección o pancreatitis.

Los cálculos que permanecen dentro de la vesícula biliar, en la mayoría de los casos, no desaparecen por completo por sí solos.

Cálculos en la vesícula biliar →

El barro biliar es la acumulación en la vesícula biliar de pequeñas partículas de la bilis como cristales de colesterol, bilirrubina, sales de calcio y otras similares. Todavía no se ha formado un cálculo definido, pero el barro biliar puede desaparecer con el tiempo, permanecer igual o convertirse en cálculos pequeños.

Las situaciones que pueden facilitar la formación de barro biliar son las siguientes:

  • Ayuno prolongado
  • Pérdida de peso muy rápida
  • Pérdida rápida de peso tras la cirugía de la obesidad
  • Embarazo
  • Alimentación prolongada por vía intravenosa
  • Algunas enfermedades graves
  • Vaciamiento insuficiente de la vesícula biliar
  • El uso de algunos medicamentos como la ceftriaxona y el octreótido

Si el barro biliar no causa ninguna molestia, la mayoría de las veces no es necesaria una cirugía ni un tratamiento farmacológico inmediatos. Si hay una causa temporal que contribuye a la formación del barro, puede desaparecer por sí solo al corregirla. La necesidad de seguimiento se determina según las molestias de la persona, los resultados de los análisis de sangre y los hallazgos de la ecografía.

No obstante, el barro biliar no siempre es inofensivo. Los cristales pequeños pueden pasar al conducto biliar y causar:

  • Dolor biliar típico
  • Inflamación de la vesícula biliar
  • Obstrucción del conducto biliar e ictericia
  • Infección de las vías biliares
  • Pancreatitis aguda

Si junto con el barro biliar hay dolor biliar típico, o si ha aparecido un problema como colecistitis, ictericia o pancreatitis, y el paciente es apto para la cirugía, el tratamiento definitivo es generalmente la extirpación laparoscópica de la vesícula biliar. En particular, en los pacientes que han tenido una pancreatitis por barro biliar, la valoración quirúrgica es importante por el riesgo de que vuelva a aparecer una pancreatitis.

No se recomienda de forma rutinaria un tratamiento farmacológico para disolver el barro biliar. Los medicamentos que contienen ácido ursodesoxicólico solo pueden considerarse, por decisión del médico, en pacientes seleccionados que no son aptos para la cirugía o que tienen circunstancias especiales. No deben utilizarse por cuenta propia medicamentos “disolventes de la bilis” ni productos a base de plantas.

Si el dolor abdominal se acompaña de fiebre, escalofríos, ictericia, orina oscura o vómitos persistentes, se debe acudir sin esperar a un centro sanitario [6,7].

Cálculos en la vesícula biliar →

Solo en pacientes seleccionados con cálculos de colesterol pequeños y que no son aptos para la cirugía puede considerarse un tratamiento farmacológico. El tratamiento es largo y existe la posibilidad de que los cálculos vuelvan a formarse. En los cálculos que dan síntomas, el tratamiento definitivo y establecido es generalmente la cirugía.

Cálculos en la vesícula biliar →

En el tratamiento estándar no se extraen solo los cálculos, sino la vesícula biliar que los forma. Si se deja la vesícula biliar, persiste la posibilidad de que se formen nuevos cálculos y de que las molestias reaparezcan.

Cálculos en la vesícula biliar →

Sí. La vesícula biliar no es un órgano imprescindible para la vida. El hígado sigue produciendo bilis y el aparato digestivo sigue funcionando. La mayoría de los pacientes vuelven a su vida normal y a su alimentación habitual después de la operación.

Cálculos en la vesícula biliar →

Hoy en día, el método estándar es la cirugía laparoscópica, es decir, mínimamente invasiva. En caso de inflamación intensa, adherencias importantes, sangrado o imposibilidad de distinguir con seguridad las estructuras anatómicas, puede pasarse a cirugía abierta.

Este cambio se hace por la seguridad del paciente y no significa que la operación haya fracasado.

Cálculos en la vesícula biliar →

La CPRE se utiliza principalmente para extraer los cálculos que han pasado al conducto biliar principal. La CPRE no es el tratamiento estándar de los cálculos que están dentro de la vesícula biliar.

Después de limpiar el conducto biliar con CPRE, si el paciente es apto para la cirugía, puede programarse además una operación de la vesícula biliar.

Cálculos en la vesícula biliar →

En algunos pacientes, después de la operación, las heces pueden ablandarse temporalmente o aumentar la frecuencia de las deposiciones. Esta situación suele disminuir con el tiempo.

Si hay una diarrea prolongada, que afecta a la vida diaria o que despierta por la noche, debe consultar al médico para investigar otras causas y, cuando sea necesario, valorar los medicamentos que fijan los ácidos biliares.

Cálculos en la vesícula biliar →

Durante el embarazo pueden detectarse cálculos biliares, y algunos cálculos pueden vigilarse si no dan síntomas. Si aparece dolor repetido, inflamación de la vesícula biliar, ictericia o pancreatitis, es necesaria una valoración conjunta de los equipos de ginecología y obstetricia, cirugía general y anestesia.

Cuando es necesario, la cirugía laparoscópica también puede realizarse durante el embarazo. La decisión se toma de forma individual, teniendo en cuenta la etapa del embarazo, la gravedad de la enfermedad y el estado de la madre y del bebé.

Cálculos en la vesícula biliar →

En las siguientes situaciones, acuda sin esperar a un centro sanitario:

  • Dolor abdominal intenso que no cede en unas horas
  • Dolor acompañado de fiebre o escalofríos
  • Coloración amarilla de los ojos o de la piel
  • Orina de color oscuro
  • Vómitos repetidos
  • Desmayo, debilidad marcada o confusión
Cálculos en la vesícula biliar →

No. Una parte importante de las masas detectadas de forma casual en el hígado son formaciones benignas, como el hemangioma, la HNF o el quiste simple. Sin embargo, para determinar el tipo de masa deben valorarse conjuntamente sus antecedentes de cáncer, sus enfermedades hepáticas y los hallazgos de las pruebas de imagen con contraste [1].

Tumores hepáticos →

Un análisis de sangre por sí solo no permite establecer un diagnóstico definitivo. Marcadores como la AFP, el CEA y el CA 19-9 pueden ayudar en algunos pacientes al diagnóstico y al seguimiento; sin embargo, que sean normales no descarta un cáncer, y que estén elevados tampoco significa con certeza que haya un cáncer.

Tumores hepáticos →

No. Algunas masas benignas y el CHC típico en pacientes con cirrosis pueden reconocerse sin biopsia mediante una TC o una RM con contraste adecuadas. Si la prueba de imagen no es concluyente o si el resultado de la biopsia va a cambiar el plan de tratamiento, puede tomarse una muestra de tejido.

Tumores hepáticos →

En algunos pacientes, sí. Para ello es necesario que el tumor pueda extirparse técnicamente, que la enfermedad en otras partes del cuerpo esté controlada y que después de la operación quede suficiente tejido hepático funcionante. La decisión debe tomarse de forma individual en un comité multidisciplinar.

Tumores hepáticos →

El tejido hepático sano restante puede aumentar de volumen después de la operación. Sin embargo, esto no significa que la parte extirpada se forme de nuevo de la misma manera. La capacidad de regeneración puede verse afectada por la cirrosis, el daño causado por la quimioterapia, la esteatosis y otras enfermedades hepáticas.

Tumores hepáticos →

No. Las metástasis hepáticas pueden indicar que la enfermedad está en un estadio avanzado; sin embargo, sobre todo en el caso de un número limitado de metástasis procedentes de un cáncer de intestino grueso y de recto, en algunos pacientes la enfermedad puede controlarse durante mucho tiempo combinando la cirugía, la ablación y los tratamientos farmacológicos. En algunos pacientes seleccionados puede ser posible la extirpación quirúrgica completa [7].

Tumores hepáticos →

Según la localización del tumor, puede extirparse una pequeña parte del hígado, un segmento o una parte más amplia. En pacientes adecuados pueden utilizarse métodos laparoscópicos o robóticos. En los tumores grandes, cercanos a los vasos sanguíneos o múltiples, puede ser necesaria una cirugía abierta. Lo más importante no es el nombre del método utilizado, sino extirpar el tumor con márgenes seguros y conservar suficiente tejido hepático funcionante.

Tumores hepáticos →

Esta decisión depende del tipo de tumor y del resultado de anatomía patológica. En el CHC no es necesario en todos los pacientes un tratamiento farmacológico rutinario después de la operación. En el colangiocarcinoma intrahepático y en las metástasis hepáticas, en cambio, el tratamiento sistémico antes o después de la operación puede aplicarse con más frecuencia. El plan personal lo establece el comité de oncología.

Tumores hepáticos →

No se pueden prevenir todos los casos. No obstante, vacunarse contra la hepatitis B, tratar las infecciones por hepatitis B y C, evitar el consumo excesivo de alcohol, mantener un peso saludable y mantener controladas la diabetes y la enfermedad del hígado graso pueden ayudar a reducir el riesgo de CHC. Para las personas con cirrosis o con una enfermedad hepática crónica de alto riesgo, seguir un programa de cribado regular es importante para el diagnóstico precoz [3,4].

Tumores hepáticos →

No. La gran mayoría de las masas adrenales descubiertas de forma casual son benignas. Sin embargo, para estar seguros de que la masa es benigna, deben valorarse conjuntamente sus características en las pruebas de imagen y las pruebas hormonales necesarias.

Masas adrenales (suprarrenales) →

No. En el enfoque actual, la decisión no se toma solo según el tamaño. Se valoran conjuntamente la estructura interna de la masa, su densidad en la TC, si secreta hormonas o no, si crece o no y el estado general del paciente.

No obstante, es importante que las masas de 4 centímetros o más con características irregulares en las pruebas de imagen sean valoradas por un equipo con experiencia en cuanto al riesgo de cáncer.

Masas adrenales (suprarrenales) →

La mayor parte de las masas pequeñas son benignas, pero el tamaño por sí solo no es suficiente. Una masa pequeña puede secretar hormonas o, en raras ocasiones, presentar características sospechosas en las pruebas de imagen. Por ello, debe realizarse al menos una vez una prueba de imagen adecuada y una valoración hormonal.

Masas adrenales (suprarrenales) →

Sí. Si la glándula suprarrenal del otro lado está sana, por lo general puede producir por sí sola las hormonas que el cuerpo necesita.

Sin embargo, si la masa extirpada secretaba cortisol, la otra glándula suprarrenal puede funcionar con lentitud durante un tiempo. Por ello puede ser necesario tomar de forma temporal medicamentos que contienen cortisona.

Masas adrenales (suprarrenales) →

La extirpación de las dos glándulas suprarrenales es necesaria en raras ocasiones. En ese caso, como desaparece la producción propia de cortisol y aldosterona del cuerpo, se toman medicamentos hormonales de por vida. Se enseña al paciente cómo ajustar la dosis del medicamento en periodos de enfermedad, operación o estrés intenso.

Masas adrenales (suprarrenales) →

Porque en la mayoría de las masas adrenales la biopsia no es necesaria para el diagnóstico y no siempre permite descartar de forma fiable un cáncer de la glándula suprarrenal. Además, realizar una biopsia en un feocromocitoma no detectado puede provocar subidas peligrosas de la tensión arterial.

La biopsia solo se realiza en pacientes seleccionados en los que su resultado cambiaría la decisión de tratamiento, y después de haber descartado un feocromocitoma.

Masas adrenales (suprarrenales) →

No. Algunas masas adrenales pueden secretar hormonas en pequeña cantidad sin que la persona note ninguna molestia evidente. Por ello no basta con fijarse solo en los síntomas; en los pacientes adecuados se realizan pruebas hormonales.

Masas adrenales (suprarrenales) →

Después de una operación laparoscópica, la vuelta a un trabajo de oficina puede ser posible en la mayoría de los pacientes en aproximadamente 2–3 semanas. En quienes se han sometido a una operación abierta o realizan trabajos físicos pesados puede necesitarse más tiempo. El momento exacto se determina según el tipo de operación y la velocidad de recuperación de cada persona.

Masas adrenales (suprarrenales) →

En las masas que presentan características claramente benignas en las pruebas de imagen y que no secretan hormonas, a menudo no es necesario realizar TC o RM de forma continua. Si aparecen síntomas nuevos o empeora el control de la tensión arterial o del azúcar, puede repetirse la valoración hormonal.

Masas adrenales (suprarrenales) →

Las masas adrenales detectadas en niños, adultos jóvenes y durante el embarazo se valoran con más rapidez y atención. Para evitar el uso innecesario de radiación, la técnica de imagen se elige de forma individual. Durante el embarazo, las masas productoras de hormonas pueden ser importantes tanto para la madre como para el bebé, por lo que deben ser seguidas por un equipo con experiencia [1].

Masas adrenales (suprarrenales) →

La mayoría de las gastritis y de las úlceras de estómago no se convierten en cáncer. No obstante, la gastritis atrófica de larga evolución relacionada con el Helicobacter pylori y la metaplasia intestinal pueden aumentar con el tiempo el riesgo de cáncer de estómago.

Cuando se detecta una úlcera de estómago, es importante tomar biopsias y, si el médico lo considera necesario, repetir la endoscopia después del tratamiento.

Cáncer de estómago →

Eliminar el Helicobacter pylori con los antibióticos adecuados puede reducir el riesgo de cáncer de estómago. El efecto protector es mayor cuando el tratamiento se realiza antes de que se desarrollen cambios avanzados en la mucosa del estómago.

Después del tratamiento debe confirmarse que la bacteria se ha eliminado con una prueba del aliento, una prueba de antígeno en heces u otro método adecuado.

Cáncer de estómago →

No siempre. Algunos tumores en fase muy inicial pueden extirparse mediante endoscopia. En la enfermedad localmente avanzada pero operable, en cambio, muchas veces puede planificarse primero quimioterapia —en los pacientes adecuados, además, inmunoterapia—, después la operación y, a continuación, la continuación del tratamiento.

Por ello no debe decidirse una operación directa sin una estadificación suficiente y sin la valoración del comité de oncología.

Cáncer de estómago →

No. Según la localización y la extensión del tumor, puede extirparse solo una parte del estómago. Si el tumor puede extirparse con márgenes quirúrgicos seguros, puede preferirse conservar la mayor parte posible del estómago.

En los tumores cercanos a la parte superior del estómago o extensos puede ser necesaria una gastrectomía total.

Cáncer de estómago →

Sí. Después de una gastrectomía total, el esófago se une al intestino delgado y la digestión continúa.

Es necesario comer poco y a menudo, seguir las recomendaciones nutricionales, tomar suplementos de vitamina B12 y mantener los controles periódicos. Aunque el proceso de adaptación puede llevar tiempo, muchos pacientes pueden volver a su vida diaria.

Cáncer de estómago →

En los pacientes adecuados, la operación puede realizarse por vía laparoscópica. Sin embargo, en la elección del método son importantes el estadio y la localización del tumor, las operaciones previas y la experiencia del cirujano.

Más importante que hacer la operación de forma cerrada es que el tumor se extirpe con márgenes seguros y con una linfadenectomía suficiente.

Cáncer de estómago →

La duración del tratamiento varía según el estadio de la enfermedad y el método que se vaya a utilizar.

En los pacientes en los que se planifica quimioterapia antes y después de la operación, todo el proceso de tratamiento suele durar aproximadamente 4–6 meses. Como entre los tratamientos hay periodos de valoración, de preparación para la operación y de recuperación posoperatoria, el proceso total puede ser más largo en algunos pacientes.

En la inmunoterapia o en los tratamientos de la enfermedad avanzada, la duración varía según la respuesta al tratamiento, los efectos secundarios y el medicamento utilizado. Por ello no puede darse de antemano una duración exacta para cada paciente.

Cáncer de estómago →

En muchos cánceres de estómago localmente avanzados, una parte de la quimioterapia se administra antes de la operación y el resto después.

Algunos pacientes pueden operarse primero y recibir quimioterapia posoperatoria según el resultado anatomopatológico. La secuencia correcta se determina según el estadio de la enfermedad, el estado general del paciente y las características de la cirugía realizada.

Cáncer de estómago →

En los pacientes adecuados, la quimioterapia antes de la operación es una parte planificada del tratamiento y no significa que la operación se retrase innecesariamente.

En este periodo se busca reducir el tamaño del tumor y tratar de forma temprana las células cancerosas microscópicas que puedan existir en otras partes del cuerpo. Durante el tratamiento, la evolución de la enfermedad se vigila con pruebas de imagen y valoraciones clínicas.

Cáncer de estómago →

No. La idoneidad de la inmunoterapia varía según el estadio de la enfermedad, el tratamiento realizado, características del tumor como MSI/MMR y PD-L1, y las condiciones de autorización de los medicamentos.

La inmunoterapia es una opción de tratamiento potente, pero puede causar efectos secundarios debidos a que el sistema inmunitario ataca órganos normales. Por ello debe administrarse bajo la supervisión de oncología médica.

Cáncer de estómago →

El cáncer de estómago no es una única enfermedad. Algunos tumores pueden tener características tratables como HER2, PD-L1, MSI/MMR o CLDN18.2.

Estas pruebas ayudan a determinar qué pacientes pueden beneficiarse más de la terapia dirigida o de la inmunoterapia.

Cáncer de estómago →

En la mayoría de los pacientes, la vuelta a las actividades diarias ligeras empieza en pocas semanas. La vuelta a un trabajo de oficina suele ser posible en 4–6 semanas. Si se trata de una operación abierta, ha habido complicaciones o el trabajo es físicamente pesado, puede necesitarse más tiempo.

La adaptación a la alimentación y la recuperación del nivel de energía pueden llevar varios meses. El plan de vuelta a la actividad y al trabajo debe hacerse según la recuperación personal.

Cáncer de estómago →

En las personas con un familiar de primer grado con cáncer de estómago, el riesgo puede aumentar. Sin embargo, no existe una única edad de inicio ni un único intervalo de endoscopia aplicables a todos.

Deben valorarse conjuntamente el número de familiares diagnosticados de cáncer, la edad a la que se diagnosticaron, el tipo anatomopatológico del cáncer y la situación de la persona respecto al Helicobacter pylori. Sobre todo si hay cáncer de estómago en más de un familiar o a una edad temprana, puede considerarse el asesoramiento genético y un programa de endoscopia personalizado.

Cáncer de estómago →

No es posible prevenir todos los cánceres de estómago. No obstante, las medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo son:

  • No fumar
  • Tratar adecuadamente la infección por Helicobacter pylori
  • Limitar los alimentos muy salados y los procesados
  • Seguir una alimentación equilibrada rica en verduras y frutas
  • Mantener un peso saludable
  • Pedir una valoración médica si hay antecedentes familiares
  • Estudiar sin demora los síntomas de alarma
Cáncer de estómago →

Las molestias leves y poco frecuentes pueden remitir con cambios en el estilo de vida. Cuando se corrigen el sobrepeso, las comidas a horas tardías o algunos hábitos desencadenantes, los síntomas pueden disminuir de forma notable.

Ante molestias que se repiten con frecuencia y afectan al sueño o a la vida diaria, son necesarios una valoración y un tratamiento.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

No. El reflujo es el retroceso del contenido del estómago hacia el esófago. La gastritis, en cambio, es la inflamación de la superficie interna del estómago.

Los síntomas pueden parecerse, y ambas enfermedades pueden coexistir en la misma persona. Para diferenciarlas con certeza se realiza una valoración clínica y, cuando es necesario, una endoscopia.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

No en todos los pacientes. En el reflujo leve y sin daño en el esófago, la medicación puede reducirse, suspenderse o tomarse cuando sea necesario.

En los pacientes con esofagitis grave, esófago de Barrett, úlcera o estrechamiento debidos al reflujo puede ser necesario un tratamiento prolongado. El objetivo es utilizar la dosis eficaz más baja posible.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Los inhibidores de la bomba de protones deben tomarse generalmente 30–60 minutos antes de comer. Si se toma una dosis al día, en la mayoría de los casos se toma antes del desayuno; si se toman dos dosis, antes del desayuno y de la cena.

Como la forma de uso puede variar según el tipo de medicamento, deben seguirse la receta y las indicaciones del médico.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Los datos científicos actuales no demuestran que los inhibidores de la bomba de protones utilizados por una indicación adecuada causen directamente cáncer.

Estos medicamentos no deben utilizarse sin necesidad, pero tampoco deben dejarse sin indicación médica solo por informaciones alarmantes encontradas en internet.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Muchos pacientes pueden dejar la medicación para el reflujo después de la operación. Sin embargo, en algunos pacientes puede volver a ser necesaria con el tiempo.

La operación no garantiza que nunca, en toda la vida, vaya a necesitarse medicación. El objetivo principal de la operación es mejorar el control del reflujo y la calidad de vida.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Por sí solo no basta. En primer lugar, debe demostrarse mediante pruebas objetivas que las molestias se deben realmente al reflujo y valorarse la probabilidad de que el paciente se beneficie de la operación.

La cirugía puede valorarse en pacientes adecuados con un reflujo demostrado con certeza, que necesitan medicación a largo plazo y que, tras comprender los beneficios y los riesgos de la operación, prefieren la cirugía.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Los posibles riesgos son los siguientes:

  • Sangrado e infección
  • Lesión del esófago, del estómago o de los órganos vecinos
  • Dificultad temporal o permanente para tragar
  • Gases e hinchazón
  • Dificultad para eructar o vomitar
  • Recurrencia de la hernia o del reflujo
  • Necesidad de una nueva intervención

La probabilidad de los riesgos varía según la anatomía del paciente, sus enfermedades asociadas y la experiencia del cirujano.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

El reflujo no es una enfermedad que se convierta directamente en cáncer. Sin embargo, el reflujo prolongado puede causar en algunos pacientes un cambio celular llamado esófago de Barrett. Solo en una pequeña parte de las personas con esófago de Barrett aparece con el tiempo un cáncer de esófago.

No todos los pacientes con reflujo desarrollan Barrett, y no todos los pacientes con Barrett desarrollan cáncer. Si se detecta Barrett, se prepara un programa de seguimiento adecuado según el resultado de la biopsia.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

No. No es necesario hacer endoscopias a intervalos rutinarios a todos los pacientes con un buen control de los síntomas y sin esófago de Barrett ni daño importante en el esófago.

En los pacientes con esófago de Barrett, esofagitis grave, estrechamiento o nuevos síntomas de alarma puede ser necesario un seguimiento endoscópico.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Puede causarlas, pero estas molestias tienen muchas otras causas. Tener solo tos o ronquera no permite diagnosticar reflujo.

Puede ser necesaria una valoración de otorrinolaringología, neumología o alergología. Si se sospecha reflujo, puede ser conveniente realizar una prueba objetiva antes de decidir un tratamiento farmacológico prolongado o una cirugía.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

Tras una cirugía laparoscópica, la vuelta al trabajo de oficina es posible en la mayoría de los casos en 1–2 semanas. En los trabajos físicos pesados y en las reparaciones de hernias de hiato grandes puede necesitarse más tiempo.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

En las siguientes situaciones debe acudir sin demora a un centro sanitario:

  • Dolor torácico intenso o de nueva aparición
  • Dolor torácico acompañado de dificultad para respirar, sudoración o sensación de desmayo
  • Vómitos con sangre
  • Heces negras como el alquitrán
  • Atasco completo de alimentos o líquidos
  • Vómitos persistentes
  • Dolor abdominal intenso
Enfermedad por reflujo gastroesofágico →

La gran mayoría de los pacientes pierden una cantidad notable de peso después de la operación; sin embargo, la cantidad de peso que se pierde varía de una persona a otra.

En el resultado influyen el tipo de operación, el peso inicial, la conducta alimentaria, la actividad física, las características hormonales y metabólicas y el cumplimiento de los controles. Con ningún método puede garantizarse una pérdida de peso determinada.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

Sí. En los primeros uno o dos años después de la operación, la pérdida de peso suele ser más rápida. En los años siguientes puede recuperarse una pequeña parte del peso perdido.

Ante una recuperación de peso notable se valoran:

  • Los hábitos de alimentación
  • El picoteo descontrolado
  • Las bebidas azucaradas y ricas en calorías
  • La disminución de la actividad física
  • Los factores psicológicos
  • Los cambios en la anatomía del estómago o del intestino En el tratamiento pueden utilizarse una nueva adaptación de la alimentación, apoyo conductual, medicamentos contra la obesidad y, en pacientes seleccionados, cirugía correctora. La recuperación de peso no significa que el paciente haya fracasado; es una situación médica que debe volver a valorarse.
La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

No hay una única respuesta correcta para todos los pacientes. Los medicamentos actuales contra la obesidad pueden lograr una pérdida de peso importante; la cirugía, en cambio, suele producir un resultado más potente y duradero en la obesidad avanzada.

La elección se hace valorando conjuntamente el IMC, la diabetes y otras enfermedades, los tratamientos anteriores, los efectos secundarios de los medicamentos, el coste, las preferencias del paciente y los riesgos quirúrgicos.

En algunos pacientes, el medicamento y la cirugía no son alternativas entre sí, sino tratamientos que se utilizan conjuntamente en distintas etapas.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

La cirugía metabólica y bariátrica puede producir una mejoría importante de la diabetes tipo 2. En algunos pacientes, la glucosa en sangre vuelve a la normalidad y la necesidad de medicamentos disminuye o puede desaparecer temporalmente.

No obstante, esta mejoría, llamada “remisión”, no se produce en todos y la diabetes puede reaparecer años después. La duración de la diabetes, la capacidad del páncreas para producir insulina y los medicamentos que se toman influyen en el resultado. Deben mantenerse los controles de glucosa en sangre.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

No existe un único método que sea el mejor para todos los pacientes.

La manga gástrica tiene una disposición intestinal más sencilla; sin embargo, en algunos pacientes puede aumentar el reflujo. El bypass gástrico puede ofrecer ventajas en algunos pacientes en cuanto al reflujo y la diabetes tipo 2; en cambio, las carencias de vitaminas y minerales y los problemas relacionados con el intestino pueden ser más marcados.

La elección del método no debe hacerse solo según el deseo o el peso del paciente, sino según una valoración médica detallada.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

Después de una manga gástrica, en algunos pacientes puede empezar un reflujo nuevo o aumentar el reflujo existente. Por ello, antes de la operación deben comunicarse siempre molestias como el ardor de estómago, la subida de líquido amargo a la boca o la dificultad para tragar.

En pacientes con reflujo importante o con daño en el esófago puede ser más adecuado otro método, como el bypass gástrico [1,6].

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

No se recomienda el embarazo en el periodo en que la pérdida de peso es más rápida y el riesgo de desnutrición es mayor. En general se recomienda esperar 12–18 meses después de la operación y planificar el embarazo una vez que la pérdida de peso se haya estabilizado.

Antes del embarazo deben controlarse el hierro, la vitamina B12, el folato, la vitamina D y otros valores nutricionales. El embarazo debe ser seguido conjuntamente por el especialista en ginecología y obstetricia, el equipo de cirugía bariátrica y el dietista-nutricionista.

Como la fertilidad puede aumentar con la pérdida de peso, el método anticonceptivo después de la operación debe planificarse con antelación.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

En la mayoría de los pacientes es necesario tomar de por vida un multivitamínico y suplementos adicionales de vitaminas y minerales adecuados al tipo de operación.

El producto y la dosis necesarios no son iguales para todos. Según los resultados de los análisis de sangre, pueden modificarse los suplementos de hierro, vitamina B12, folato, calcio o vitamina D [5].

Aunque usted se encuentre bien, puede tener una carencia de vitaminas. Por ello no deben descuidarse los suplementos ni los análisis de sangre anuales.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

Después de la operación, el alcohol puede absorberse más rápido y tener un efecto más fuerte de lo esperado. Además, contiene muchas calorías y puede afectar negativamente a la salud del hígado y al control del peso.

Debe tenerse precaución, ya que en algunas personas puede aumentar el riesgo de trastorno por consumo de alcohol. Sobre todo en la fase temprana de recuperación debe evitarse el alcohol, y el consumo a largo plazo debe hablarse con el médico.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

Después de una pérdida de peso notable puede quedar exceso de piel en el abdomen, los brazos, las piernas, el pecho y el cuello. Su cantidad depende de la edad, el peso inicial, las características genéticas, el consumo de tabaco y el tipo de piel.

Si el exceso de piel causa rozaduras, hongos o dificultad para moverse, puede hacerse una valoración de cirugía plástica. Las operaciones de contorno corporal suelen planificarse una vez completada la pérdida de peso y cuando el peso se ha mantenido estable durante un tiempo.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

La mayoría de las personas con trabajo de oficina pueden volver a trabajar en aproximadamente 2–3 semanas. En trabajos que exigen levantar peso o un esfuerzo físico intenso puede ser necesario esperar 4–6 semanas.

El momento exacto se determina según el tipo de operación, el trabajo que se realiza y el ritmo de recuperación personal.

La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

Si después de la operación aparece alguno de los siguientes síntomas, debe ponerse en contacto de inmediato con el equipo sanitario:

  • Dolor abdominal o torácico que va en aumento
  • Aceleración notable del pulso
  • Falta de aire
  • Fiebre
  • Vómitos persistentes o incapacidad para beber líquidos
  • Heces negras o sangrado evidente
  • Hinchazón abdominal creciente
  • Dolor e hinchazón en una sola pierna
  • Disminución notable de la cantidad de orina
  • Empeoramiento rápido del estado general
La obesidad y su tratamiento quirúrgico →

No. El orificio de la pared abdominal no se cierra con medicamentos, ejercicio ni faja.

Sin embargo, en algunos hombres sin molestias o con molestias muy leves, la cirugía puede aplazarse y realizarse un seguimiento, tras explicarles los síntomas de urgencia. Este enfoque no trata la hernia; solo aplaza el momento de la cirugía.

Hernia de la ingle →

No todas las hernias crecen al mismo ritmo. Algunas cambian poco durante años, mientras que otras pueden aumentar de tamaño con el tiempo, producir dolor o avanzar hacia el escroto.

El aumento del bulto, el incremento del dolor o la mayor dificultad para introducir la hernia requieren una nueva valoración quirúrgica.

Hernia de la ingle →

La faja o el braguero para hernia no cierra el orificio ni trata la hernia. En algunos pacientes puede aliviar temporalmente, pero si se usa de forma incorrecta puede causar lesiones en la piel, dolor o el atrapamiento de la hernia.

Puede utilizarse por recomendación médica en pacientes seleccionados que no pueden operarse o que deben aplazar la cirugía durante un tiempo determinado.

Hernia de la ingle →

Levantar peso por sí solo no provoca una hernia en todas las personas sanas. Sin embargo, en personas con una debilidad estructural o una hernia pequeña en la región de la ingle, puede hacer que aparezca el bulto y aumenten las molestias.

Utilizar una técnica correcta para levantar peso y aumentar la carga de forma progresiva puede ser útil.

Hernia de la ingle →

El atrapamiento del intestino dentro de la hernia con alteración de su circulación sanguínea se denomina estrangulación.

Si hay dolor intenso, un bulto duro que no se introduce, náuseas, vómitos e hinchazón abdominal, se debe acudir a urgencias. En esta situación, la hernia no debe empujarse hacia dentro a la fuerza.

Hernia de la ingle →

El riesgo no es el mismo en todos los pacientes. Influyen en él el tipo de hernia, su tamaño, si se introduce o no, el sexo del paciente y sus molestias.

En los hombres sin síntomas o con síntomas leves, como el riesgo de estrangulación urgente es bajo, puede considerarse el seguimiento. En las hernias femorales y en las mujeres, en cambio, como el riesgo de estrangulación es mayor, se prefiere una reparación a tiempo.

Hernia de la ingle →

No existe un único mejor método para todos los pacientes.

El método laparoscópico puede ser ventajoso en la hernia bilateral, en la hernia que reaparece tras una cirugía abierta, en las mujeres y en pacientes adecuados que desean volver pronto a su actividad.

El método abierto puede preferirse en algunas hernias unilaterales, cuando se necesita anestesia local, en hernias grandes que llegan al escroto o en pacientes no adecuados para el método laparoscópico.

Uno de los factores más importantes que determinan el resultado es la experiencia del cirujano en el método elegido.

Hernia de la ingle →

Ambos métodos son cirugías laparoscópicas, y la malla se coloca por detrás de la región de la ingle.

En el método TEP no se entra en la cavidad abdominal. En el método TAPP, en cambio, tras entrar en la cavidad abdominal se abre el peritoneo, se realiza la reparación y después se cierra.

Cuando los realizan cirujanos con experiencia, los resultados de ambos métodos son similares. La elección se hace según las características del paciente y la experiencia del cirujano.

Hernia de la ingle →

Sí. La malla sintética utilizada generalmente permanece en el cuerpo de forma permanente y, con el tiempo, se integra con los tejidos que la rodean.

La mayoría de los pacientes no notan la malla. En raras ocasiones puede aparecer infección, dolor crónico o sensación de cuerpo extraño.

Hernia de la ingle →

No existe evidencia científica fiable que demuestre que las mallas sintéticas aptas para uso médico, utilizadas en la reparación de la hernia de la ingle, causen cáncer.

Los posibles beneficios y riesgos del uso de la malla deben explicarse al paciente antes de la operación.

Hernia de la ingle →

En pacientes adecuados y por cirujanos con experiencia en este campo, pueden aplicarse métodos sin malla como el de Shouldice. Sin embargo, la reparación sin malla no es adecuada para todas las hernias.

Deben valorarse conjuntamente el tipo y el tamaño de la hernia, la estructura de los tejidos y el riesgo de recurrencia.

Hernia de la ingle →

En ningún método el riesgo de recurrencia es nulo. Con las reparaciones modernas con malla y en manos experimentadas, el riesgo suele ser bajo.

Pueden influir en el riesgo de recurrencia:

  • La técnica quirúrgica y la experiencia
  • Una hernia grande o recurrente
  • El tabaquismo
  • La tos crónica
  • La infección de la herida
  • Las características del tejido conjuntivo.
Hernia de la ingle →

Tras una cirugía no complicada, pueden reanudarse las relaciones sexuales en la medida en que el dolor lo permita. No existe un periodo de espera obligatorio válido para todos.

Si hay dolor o una tensión marcada en la ingle, puede ser conveniente esperar unos días más.

Hernia de la ingle →

Tras una cirugía de hernia de la ingle unilateral y sin complicaciones, la infertilidad es extremadamente rara.

El daño del conducto deferente o de los vasos del testículo es un riesgo teórico, sobre todo en las cirugías bilaterales y recurrentes. Es conveniente que los pacientes con una cirugía previa en la ingle o con una preocupación especial sobre tener hijos lo hablen con su médico antes de la operación.

Hernia de la ingle →

El paciente puede empezar a conducir si:

  • No está tomando analgésicos potentes
  • Puede sentarse con comodidad
  • Puede hacer una frenada brusca sin dolor
  • No tiene ninguna situación que afecte a su atención y a sus movimientos. En la mayoría de los pacientes, este plazo puede variar entre unos días y una semana.
Hernia de la ingle →

Sí. Sobre todo en los cánceres de colon detectados en un estadio precoz, puede ser posible un tratamiento quirúrgico con éxito y duradero.

El éxito del tratamiento depende de muchos factores, como el estadio de la enfermedad, las características biológicas del tumor y el estado general de salud de la persona.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

No.

No todos los pólipos de colon se convierten en cáncer. Sin embargo, en algunos tipos de pólipos existe el riesgo de que se desarrolle un cáncer con el tiempo.

Por ello, es importante que los pólipos detectados durante la colonoscopia se extirpen de forma adecuada y se valoren mediante un estudio anatomopatológico.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

Como la colonoscopia se realiza en la mayoría de los casos bajo sedación, la gran mayoría de los pacientes no notan molestias importantes durante el procedimiento.

Para que el procedimiento sea seguro y tenga éxito, es importante realizar correctamente la limpieza intestinal antes de la colonoscopia.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

No.

En la mayoría de las operaciones de cáncer de colon no se necesita un estoma permanente. La necesidad de un estoma varía según la localización del tumor, el tipo de operación y la situación clínica del paciente.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

Depende del grado de parentesco y de la edad en el momento del diagnóstico de su familiar diagnosticado de cáncer.

En particular, las personas con familiares de primer grado con cáncer de colon o de recto pueden necesitar una valoración antes que en el programa de cribado estándar.

Por ello, es importante valorar en detalle los antecedentes familiares y establecer un programa de cribado individualizado.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

No. En la actualidad no basta con valorar el cáncer de colon solo según su localización en el intestino y su estadio. Las características anatomopatológicas, moleculares y genéticas del tumor tienen cada vez más importancia en la planificación del tratamiento.

Una de las más importantes es el estado de reparación de errores de emparejamiento (MMR) / inestabilidad de microsatélites (MSI).

El sistema MMR participa en la corrección de algunos errores que pueden producirse en el ADN durante la división celular. Los tumores con una alteración en este sistema pueden definirse como dMMR, y los tumores que muestran una inestabilidad de microsatélites alta, como MSI-H.

Conocer el estado de MMR/MSI puede contribuir a:

  • Valorar predisposiciones hereditarias al cáncer, como el síndrome de Lynch,
  • Comprender mejor las características biológicas de la enfermedad,
  • Decidir en algunos pacientes la quimioterapia después de la operación,
  • Valorar tratamientos como la inmunoterapia en la enfermedad avanzada.

Por ello, en el enfoque moderno del cáncer de colon no solo importa la pregunta “¿En qué estadio está el tumor?”, sino también la pregunta “¿Cuáles son las características biológicas del tumor?”.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

Uno de los factores principales que determinan el tratamiento del cáncer de colon es el estadio de la enfermedad. No obstante, la decisión de tratamiento no se toma solo según el estadio, sino valorando conjuntamente los factores de riesgo anatomopatológicos, las características biológicas del tumor, la edad del paciente y su estado general de salud.

Estadio I: La enfermedad está limitada a la pared intestinal. En la mayoría de los pacientes, una cirugía oncológica adecuada proporciona un tratamiento suficiente y, por lo general, no es necesaria la quimioterapia después de la operación.

Estadio II: El tumor ha alcanzado un nivel más profundo de la pared intestinal, pero no se ha detectado cáncer en los ganglios linfáticos regionales. No se administra quimioterapia de forma rutinaria a todos estos pacientes. Algunas características de alto riesgo, como un tumor T4, la obstrucción o perforación intestinal, la invasión linfovascular/perineural y la valoración de un número insuficiente de ganglios linfáticos, pueden influir en la decisión de tratamiento. El estado de MMR/MSI también es especialmente importante en este estadio.

Estadio III: El cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos regionales. Después de la cirugía, en una parte importante de los pacientes se administra quimioterapia adyuvante para reducir el riesgo de que la enfermedad reaparezca.

Estadio IV: El cáncer se ha extendido al hígado, a los pulmones, al peritoneo o a otros órganos. Sin embargo, la presencia de metástasis no siempre significa que el tratamiento quirúrgico no sea posible. Sobre todo en pacientes seleccionados con metástasis hepáticas o pulmonares limitadas, pueden valorarse diferentes combinaciones de cirugía, tratamientos locales y tratamientos sistémicos.

Por ello, sobre todo en el cáncer de colon avanzado, es importante que el tratamiento sea planificado de forma individual por un equipo multidisciplinar.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

En la operación de cáncer de colon, el segmento de intestino y los ganglios linfáticos extirpados son examinados en detalle por un especialista en anatomía patológica.

En el informe anatomopatológico no solo se recoge el diagnóstico de cáncer; también se valoran características que pueden influir en el estadio de la enfermedad y en las decisiones de tratamiento posteriores, como:

  • La profundidad de avance del tumor en la pared intestinal,
  • Si hay o no tumor en los ganglios linfáticos,
  • El número de ganglios linfáticos valorados,
  • Los márgenes quirúrgicos,
  • La invasión linfática o vascular,
  • La invasión perineural,
  • El grado de diferenciación del tumor y otras características histopatológicas.

Sobre todo en el cáncer de colon en estadio II, algunas de estas características son importantes para valorar el riesgo de que la enfermedad reaparezca y para decidir la quimioterapia después de la operación.

Por ello, aunque la operación es una fase importante del tratamiento del cáncer de colon, el plan de tratamiento definitivo suele tomar forma una vez completado el informe anatomopatológico posterior a la operación.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

Sí. Sobre todo en el cáncer de colon avanzado, determinar las características moleculares del tumor puede ayudar a valorar opciones de tratamiento personalizadas.

Además del estado de MMR/MSI, según el estadio y las características clínicas de la enfermedad, puede plantearse la valoración de marcadores moleculares como RAS y BRAF.

Estos resultados pueden utilizarse para determinar en qué pacientes pueden ser útiles algunos tratamientos dirigidos o la inmunoterapia.

Gracias a estos avances, en la actualidad el tratamiento del cáncer de colon avanza cada vez más desde un enfoque de “el mismo tratamiento para todos los pacientes” hacia un enfoque de “tratamiento personalizado”.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

En el tratamiento del cáncer de colon, después de la operación y de los tratamientos oncológicos aplicados cuando son necesarios, es importante el seguimiento regular. Además, aparecen datos científicos cada vez más sólidos sobre la importancia de los hábitos de vida saludables en el periodo posterior al tratamiento.

El ensayo aleatorizado de fase III CHALLENGE, publicado en 2025 en el New England Journal of Medicine, comparó un programa de ejercicio estructurado con la educación sanitaria en pacientes con cáncer de colon que habían completado la operación y la quimioterapia adyuvante. Este estudio es una de las pruebas de alto nivel que muestran que la actividad física después del tratamiento del cáncer de colon puede ser importante no solo para la salud general y la calidad de vida, sino también para los resultados oncológicos.

Sin embargo, el programa de ejercicio debe planificarse de forma adecuada teniendo en cuenta la edad de la persona, su estado general de salud, la operación y los tratamientos oncológicos.

Cáncer de colon (intestino grueso) →

El estadio indica cuánto ha avanzado la enfermedad en la pared del recto y si se ha extendido o no a los ganglios linfáticos cercanos o a otros órganos. Para la estadificación se utilizan diversas pruebas, principalmente la resonancia magnética del recto y la tomografía computarizada.

Según las guías actuales, la decisión de tratamiento no se toma únicamente en función del estadio de la enfermedad. También se valoran conjuntamente la localización del tumor en el recto, su relación con los músculos del ano, las características de riesgo observadas en la resonancia magnética, su naturaleza biológica y el estado general de salud del paciente. Por ello, el plan de tratamiento de dos pacientes en el mismo estadio puede ser diferente [1,2,4].

Cáncer de recto →

Sí. Sobre todo cuando la enfermedad está limitada al intestino y a los ganglios linfáticos de su alrededor, la probabilidad de curación completa es alta. En estadios más avanzados también puede lograrse, mediante la aplicación de quimioterapia, radioterapia y cirugía en el orden adecuado, un control prolongado de la enfermedad y, en algunos pacientes, la curación completa.

El éxito del tratamiento depende del estadio de la enfermedad, de las características biológicas del tumor, de su respuesta al tratamiento y del estado general de salud del paciente. Por ello, las estadísticas generales que se encuentran en internet no muestran con certeza el resultado de un paciente concreto [1,4]. Por este motivo, los resultados deben valorarse de forma personal para cada paciente.

Cáncer de recto →

No. No todos los pacientes operados de cáncer de recto necesitan un estoma, es decir, una bolsa. La necesidad de un estoma se determina según la localización del tumor, su relación con los músculos del ano, el tipo de operación realizada y la seguridad de la unión intestinal.

Algunos pacientes no necesitan nunca un estoma. En otros se realiza de forma temporal para proteger la cicatrización de la unión intestinal y puede cerrarse más adelante. En un número menor de pacientes, en los que el tumor ha avanzado hacia los músculos del ano o no es posible una unión intestinal segura, puede ser necesario un estoma permanente.

Cáncer de recto →

En algunos cánceres de recto pueden aplicarse radioterapia y quimioterapia antes de la operación. El objetivo de estos tratamientos es reducir el tamaño del tumor, aumentar el control de la enfermedad en la zona en la que se encuentra y tratar en una fase temprana las células cancerosas que todavía no pueden detectarse con las pruebas de imagen.

No se aplica el mismo tratamiento a todos los pacientes. El tipo y el orden del tratamiento se determinan teniendo en cuenta la localización y el estadio del tumor, los hallazgos de la resonancia magnética y el estado general de salud del paciente.

Cáncer de recto →

En algunos pacientes seleccionados en los que los signos del tumor desaparecen por completo después del tratamiento previo a la operación, puede considerarse un seguimiento muy estrecho en lugar de la operación. Sin embargo, esta estrategia no es adecuada para todos los pacientes.

La decisión de “respuesta completa” no se toma solo según el resultado de la biopsia. Se valoran conjuntamente el tacto rectal, la endoscopia y una resonancia magnética del recto de alta calidad. Si se elige el seguimiento sin operación, las revisiones deben ser regulares, frecuentes y prolongadas. Si el tumor vuelve a crecer, es importante que la operación pueda realizarse a tiempo.

Cáncer de recto →

La duración del tratamiento varía según el estadio de la enfermedad y los tratamientos que se vayan a aplicar.

En los pacientes con enfermedad en estadio precoz que solo necesitan cirugía, la operación y el primer periodo de recuperación suelen completarse en 1–3 meses. Si después de la operación se necesita quimioterapia, este periodo puede alargarse.

En el cáncer de recto localmente avanzado, en el que es necesario aplicar quimioterapia y radioterapia antes de la operación, el tratamiento dura más. Si se consideran en conjunto la quimioterapia, la radioterapia, la nueva valoración de la respuesta al tratamiento y la operación, el proceso total puede durar en la mayoría de los pacientes aproximadamente 6–9 meses.

La radioterapia puede aplicarse en algunos pacientes durante aproximadamente 1 semana y, en otros, junto con quimioterapia durante aproximadamente 5–6 semanas. La parte de quimioterapia suele durar 3–4 meses, según los fármacos utilizados y el plan de tratamiento. Una vez completados los tratamientos, se valora la respuesta del tumor mediante exploración, endoscopia y resonancia magnética del recto, y se determina el momento de la operación o del programa de seguimiento estrecho [1–4].

Estas duraciones son aproximadas. La respuesta al tratamiento, los efectos secundarios de los fármacos, la recuperación después de la operación y la necesidad de tratamientos adicionales pueden modificar la duración total.

Cáncer de recto →

La gran mayoría de los cánceres de recto no son una enfermedad hereditaria transmitida directamente por la madre o el padre. No obstante, una parte de los pacientes puede tener predisposiciones hereditarias, como el síndrome de Lynch.

Las recomendaciones actuales respaldan que, en el tejido tumoral de los pacientes diagnosticados de cáncer colorrectal, se valoren las pruebas de MMR o MSI, que orientan sobre el síndrome de Lynch. Si en el resultado de la prueba se detecta un hallazgo sospechoso, pueden recomendarse asesoramiento genético y un análisis de sangre [2,6].

Identificar una enfermedad hereditaria es importante no solo para el tratamiento del paciente, sino también para determinar a qué edad y con qué frecuencia deben someterse a cribado los familiares. Sin embargo, que haya cáncer de recto en la familia no significa necesariamente que los demás miembros vayan a desarrollar un cáncer.

Cáncer de recto →

No existe un único programa de alimentación válido para todas las personas con cáncer de recto. El plan de alimentación debe prepararse de forma individual según el tratamiento que se vaya a aplicar, el hábito intestinal, la presencia de un estoma, el peso y las enfermedades asociadas.

Las guías actuales de nutrición recomiendan detectar precozmente la pérdida de peso y la desnutrición durante el tratamiento del cáncer. Una ingesta suficiente de energía, proteínas y líquidos puede ayudar a tolerar mejor el tratamiento y a la recuperación [7].

Si aparecen diarrea, estreñimiento, falta de apetito, náuseas o pérdida de peso involuntaria, debe hablarse con el médico y con el dietista-nutricionista. Como las necesidades de cada paciente son diferentes, deben evitarse las dietas innecesarias y muy restrictivas. Los productos de herbolario y los suplementos alimenticios no deben utilizarse sin consultar al médico, ya que pueden interaccionar con los fármacos de quimioterapia.

Cáncer de recto →

No existe un plazo exacto válido para todas las personas para cerrar el estoma temporal. En primer lugar, es necesario que la unión intestinal haya cicatrizado de forma segura, que no haya infección ni fuga y que el paciente esté en condiciones de someterse a una nueva operación.

Los tratamientos en curso, como la quimioterapia, y el estado general de salud del paciente también pueden influir en el momento del cierre del estoma. Antes del cierre, la unión intestinal puede comprobarse mediante exploración, colonoscopia o pruebas de imagen.

Las guías actuales de cirugía de estomas también recomiendan que la decisión de cierre se tome de forma individual para cada paciente y que la formación sobre el cuidado del estoma forme parte del proceso de tratamiento [8].

Cáncer de recto →

Los nervios que rodean el recto están estrechamente relacionados con la micción y las funciones sexuales. La operación, la radioterapia y los demás tratamientos pueden causar en algunos pacientes disminución del deseo sexual, problemas de erección o de eyaculación en los hombres, y sequedad vaginal o dolor durante las relaciones en las mujeres.

La aparición de estos problemas varía según la edad del paciente, el tratamiento aplicado y sus funciones antes del tratamiento. Algunas molestias pueden disminuir con el tiempo; otras pueden requerir medicamentos, rehabilitación del suelo pélvico o el apoyo de especialistas.

Las guías actuales de seguimiento y calidad de vida recomiendan valorar específicamente las funciones urinaria y sexual durante las revisiones. Por ello, es importante que los pacientes compartan estas molestias con su médico [5]. Si es necesario, puede recibirse apoyo de urología, ginecología, rehabilitación o salud sexual.

Cáncer de recto →

No. El sangrado por el ano también tiene causas benignas, como las hemorroides y la grieta anal. Sin embargo, el sangrado no debe atribuirse sin más a “almorranas”.

Si el sangrado se repite o se acompaña de cambios en el hábito intestinal, pérdida de peso sin explicación, cansancio o anemia, debe consultarse al médico. La causa del sangrado debe determinarse mediante exploración y, si es necesario, colonoscopia.

Cáncer de recto →

El tiempo de vuelta a la vida diaria varía de una persona a otra. La mayoría de los pacientes pueden retomar de forma gradual las actividades diarias ligeras en unas semanas. Sin embargo, el momento de levantar pesos, conducir, hacer ejercicio y volver al trabajo varía según la operación realizada y el ritmo de recuperación.

Es importante aumentar las actividades de forma progresiva y seguir las recomendaciones del médico. Si aparecen fiebre, dolor cada vez mayor, hinchazón abdominal marcada, vómitos persistentes, secreción en la herida o un problema importante para defecar, debe ponerse en contacto con el equipo sanitario.

En el cáncer de recto, el tratamiento más adecuado se planifica en un comité multidisciplinar no solo según el estadio de la enfermedad, sino también según la localización del tumor en el recto, los hallazgos de la resonancia magnética, sus características biológicas y las prioridades de la persona.

Cáncer de recto →

No. La TAMIS es un procedimiento mínimamente invasivo que se realiza a través del ano con una cámara e instrumentos quirúrgicos especiales. No se hace ninguna incisión quirúrgica en el abdomen.

TAMIS →

No. Los procedimientos colonoscópicos se realizan con instrumentos que se pasan a través de un endoscopio flexible. La TAMIS, en cambio, es por lo general una operación transanal que se realiza con ayuda de un puerto de trabajo quirúrgico y una cámara.

La TAMIS puede utilizarse en algunas lesiones del recto grandes, profundas o de localización difícil que no pueden extirparse de forma segura o completa mediante colonoscopia. El método adecuado puede determinarse mediante la valoración conjunta de los equipos de gastroenterología y de cirugía.

TAMIS →

No. En la TAMIS solo se extirpan la zona enferma y el margen de seguridad necesario a su alrededor. El resto del recto se conserva.

TAMIS →

En la gran mayoría de los pacientes a los que se les realiza una TAMIS no se necesita un estoma, es decir, una bolsa. Sin embargo, en situaciones poco frecuentes, como la apertura de una comunicación amplia con la cavidad abdominal, el desarrollo de una complicación grave o la necesidad de una operación radical adicional, puede plantearse un estoma temporal o permanente.

TAMIS →

En cánceres de recto en estadio precoz de bajo riesgo y adecuadamente seleccionados, la TAMIS puede ser el tratamiento definitivo. Sin embargo, si la profundidad del tumor o el riesgo de extensión a los ganglios linfáticos es alto, la extirpación local por sí sola puede no ser suficiente.

La decisión definitiva se toma valorando conjuntamente la RM, la ecografía endorrectal, la exploración y los hallazgos anatomopatológicos obtenidos tras la TAMIS [1,5].

TAMIS →

La biopsia solo muestra una pequeña parte de la masa. En otra zona de los pólipos grandes puede haber cambios celulares avanzados o un cáncer precoz. Además, algunas lesiones no pueden extirparse por completo mediante colonoscopia.

Al permitir extirpar la lesión en una sola pieza y con sus márgenes, la TAMIS puede ofrecer tanto el tratamiento como una valoración anatomopatológica más fiable.

TAMIS →

Sí. Si en el resultado anatomopatológico se encuentra un tumor más avanzado de lo esperado, un margen quirúrgico positivo o características que aumentan el riesgo de extensión a los ganglios linfáticos, puede recomendarse una operación complementaria del recto que incluya la escisión total del mesorrecto.

TAMIS →

En la mayoría de los pacientes no aparece un problema permanente de control de las heces. Como durante la operación se coloca un puerto de trabajo en el canal anal, pueden aparecer cambios pasajeros en el control de los gases o sensación de urgencia. En los pacientes que ya tenían problemas de control, la valoración previa a la operación es especialmente importante.

TAMIS →

Como no se hace ninguna incisión en el abdomen, el dolor suele ser limitado. En los primeros días puede haber sensibilidad o sensación de plenitud en la zona anal, o dolor al defecar. La intensidad del dolor varía según el tamaño y la profundidad del tejido extirpado.

TAMIS →

Sí. En los centros que disponen del equipamiento y la experiencia adecuados puede realizarse una TAMIS robótica. Los sistemas robóticos pueden ofrecer capacidad de movimiento en espacios reducidos y ergonomía quirúrgica. Sin embargo, el uso del robot no es necesario para todos los pacientes y por sí solo no garantiza un mejor resultado. Los elementos básicos que determinan el éxito son una selección correcta del paciente, la experiencia quirúrgica y un procedimiento acorde con los principios oncológicos [3].

TAMIS →

En todas las lesiones del recto, benignas o malignas, la probabilidad de reaparición no es completamente nula. El riesgo varía según el tipo de lesión, su tamaño, los márgenes de resección y sus características anatomopatológicas. Los controles periódicos permiten detectar precozmente una posible reaparición.

TAMIS →

No. Algunos pólipos pueden extirparse de forma más fácil y segura con métodos colonoscópicos. En cambio, en las lesiones muy extensas, profundas o de alto riesgo de cáncer puede ser necesaria una operación radical del recto. El método más adecuado se determina valorando todas las características de la lesión.

TAMIS →

No. El divertículo no es una estructura que se convierta en cáncer. Sin embargo, la diverticulitis y el cáncer de intestino grueso pueden producir a veces síntomas y hallazgos de imagen similares. Por ello, sobre todo si ha habido un episodio complicado, pérdida de peso, anemia, sangre en las heces o un cambio persistente en las deposiciones, puede ser necesaria una colonoscopia después de la recuperación.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

No. El divertículo es un pequeño saco en la pared intestinal. La diverticulosis es la presencia de estos sacos y la diverticulitis es su inflamación. La mayoría de las personas con divertículos no desarrollan una diverticulitis.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

No. Los divertículos que no producen síntomas no son por sí solos un motivo de operación. La operación se valora en situaciones seleccionadas, como una fístula, un estrechamiento, una obstrucción, una infección que no puede controlarse o una enfermedad recurrente que afecta de forma marcada a la calidad de vida.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

Los pacientes seleccionados con un sistema inmunitario normal, buen estado general y una diverticulitis leve no complicada pueden curarse sin antibióticos bajo un seguimiento estrecho. Sin embargo, esta decisión debe tomarla el médico después de la exploración y, si es necesario, de las pruebas de imagen. Adoptar por cuenta propia en casa una actitud de “esperar a ver qué pasa” puede no ser seguro.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

Sí, puede reaparecer; pero no lo hace en todos los pacientes. No es cierta la idea de que una recurrencia después de un primer episodio sin complicaciones vaya a ser necesariamente más grave. La decisión de operar no se toma solo según el número de episodios, sino según la gravedad de la enfermedad y la calidad de vida.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

No. En el enfoque actual, un número determinado de episodios no se considera por sí solo suficiente para decidir una operación. Se valoran conjuntamente la gravedad de los episodios, las complicaciones como el absceso o la fístula, la necesidad de ingreso hospitalario, las molestias persistentes y las preferencias del paciente [1–4].

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

Si se necesita una colonoscopia, se realiza una vez que la inflamación aguda ha desaparecido por completo, en la mayoría de los casos unas 6–8 semanas después. En algunos pacientes que disponen de una colonoscopia reciente de calidad y han tenido un episodio sin complicaciones, puede no ser necesario repetir la colonoscopia. La decisión debe tomarse de forma individual.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

En un episodio sin complicaciones, el dolor empieza a disminuir en pocos días en la mayoría de los pacientes. Si los síntomas no mejoran en 2–3 días, aumentan progresivamente o se añaden fiebre y vómitos, es necesaria una nueva valoración. En algunas personas, la sensibilidad y la irregularidad intestinal pueden durar más tiempo después de que haya pasado la inflamación aguda.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

La elección del analgésico varía según las enfermedades renales, gástricas y cardiovasculares del paciente y los medicamentos que toma. Como el uso frecuente de analgésicos antiinflamatorios no esteroideos se relaciona con complicaciones diverticulares, no deben utilizarse sin consultar al médico. Su médico debe determinar el tratamiento adecuado para el dolor.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

En la gran mayoría de los pacientes no se necesita un estoma. Sin embargo, en situaciones urgentes como una perforación intestinal, una infección abdominal extensa o la imposibilidad de una unión intestinal segura, puede ser necesario un estoma temporal o, con menor frecuencia, permanente.

Enfermedad diverticular y diverticulitis →

En las siguientes situaciones es necesaria una valoración sin demora:

  • Dolor abdominal intenso o cada vez mayor
  • Endurecimiento del abdomen o hinchazón marcada
  • Fiebre alta y escalofríos
  • Vómitos persistentes o imposibilidad de tomar líquidos
  • Imposibilidad de expulsar gases y heces
  • Sangrado anal abundante
  • Mareo, sensación de desmayo o palpitaciones
  • Empeoramiento rápido del estado general
Enfermedad diverticular y diverticulitis →

Las molestias leves pueden remitir ablandando las heces, con una alimentación rica en fibra y reduciendo el esfuerzo al defecar. Sin embargo, el tejido hemorroidal puede no desaparecer por completo y los síntomas pueden repetirse de vez en cuando.

Si el sangrado continúa, la hinchazón aumenta o la vida diaria se ve afectada, es necesaria una valoración médica.

Hemorroides (Almorranas) →

No. Las hemorroides no se convierten en cáncer. Sin embargo, las hemorroides y los cánceres de intestino grueso y de recto pueden a veces causar de forma similar un sangrado anal. Por ello, no debe suponerse sin una exploración que el sangrado se debe a las hemorroides.

Hemorroides (Almorranas) →

Después de una hemorroidectomía puede haber dolor, sobre todo en los primeros días. Hoy en día, gracias a los analgésicos adecuados, los medicamentos que ablandan las heces, los baños de asiento con agua tibia y el seguimiento regular, este periodo puede pasarse de forma más llevadera.

La intensidad del dolor varía según el tipo de operación realizada y las características personales. En los procedimientos sin cirugía, el dolor y el tiempo de recuperación suelen ser menores.

Hemorroides (Almorranas) →

Sí. Después del tratamiento, los síntomas de las hemorroides pueden volver a aparecer. La probabilidad de recurrencia varía según el método empleado y los hábitos de defecación de la persona.

Prevenir el estreñimiento, consumir suficiente fibra y evitar hacer esfuerzo y permanecer sentado mucho tiempo en el inodoro ayudan a reducir el riesgo de recurrencia.

Hemorroides (Almorranas) →

Las hemorroides pueden ser frecuentes durante el embarazo. El primer enfoque suele consistir en una alimentación rica en fibra, un consumo adecuado de líquidos, la prevención del estreñimiento y evitar permanecer mucho tiempo de pie o sentada.

Para las cremas, los supositorios, los analgésicos u otros medicamentos que vayan a usarse durante el embarazo, debe consultarse con el ginecólogo y con el médico correspondiente. Una parte importante de las molestias puede disminuir después del parto. Si hay dolor intenso o un sangrado abundante, la valoración no debe retrasarse.

Hemorroides (Almorranas) →

Los alimentos ricos en fibra, como las verduras, las frutas, las legumbres, la avena y los cereales integrales, pueden ayudar a que las heces sean más blandas. El consumo de fibra debe aumentarse de forma progresiva y, si el estado de salud lo permite, debe tomarse suficiente líquido.

Ningún alimento por sí solo puede curar por completo las hemorroides. El objetivo es conseguir una defecación regular, fácil y sin demasiado esfuerzo.

Hemorroides (Almorranas) →

Después de los procedimientos sin cirugía, la mayoría de los pacientes puede retomar su vida diaria el mismo día o al día siguiente.

Tras el tratamiento quirúrgico, la vuelta a un trabajo de oficina suele llevar 1–2 semanas, y la vuelta a trabajos físicos pesados, aproximadamente 2–4 semanas. El tiempo exacto varía según el método empleado y la velocidad de recuperación de cada persona.

Hemorroides (Almorranas) →

  • Siga una alimentación rica en fibra.
  • Beba una cantidad de agua adecuada a su estado de salud.
  • No aplace la necesidad de ir al baño.
  • No haga demasiado esfuerzo durante la defecación.
  • No permanezca sentado en el inodoro más tiempo del necesario.
  • Muévase con regularidad.
  • Si tiene problemas de estreñimiento o diarrea frecuente, acuda al médico para su tratamiento.

Estas medidas pueden reducir el riesgo de que las hemorroides vuelvan a aparecer; sin embargo, no garantizan que lo eliminen por completo.

Hemorroides (Almorranas) →

No. En las hemorroides, las almohadillas vasculares del canal anal aumentan de tamaño y pueden salir hacia fuera. En el prolapso rectal, en cambio, la pared del recto se desliza hacia abajo y sale por el ano. Las dos situaciones pueden confundirse por su aspecto; la distinción definitiva se hace mediante la exploración.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

No. El prolapso rectal no se convierte en cáncer. Sin embargo, si hay sangrado, anemia, cambios en la defecación o pérdida de peso, puede ser necesaria una colonoscopia para descartar otras enfermedades intestinales.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

En los adultos, el prolapso rectal completo no se corrige por sí solo. Reducir el estreñimiento y el esfuerzo puede aliviar las molestias, pero el tratamiento definitivo del prolapso evidente es en la mayoría de los casos la operación.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

La corrección del prolapso mejora el control de las heces en muchos pacientes. Sin embargo, si la lesión de los músculos o de los nervios anales es avanzada, la incontinencia puede no corregirse por completo. Si es necesario, puede aplicarse además un tratamiento del suelo pélvico después de la operación.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

No siempre. Si el estreñimiento se debe al prolapso, puede haber mejoría. Si existen otras causas, como una coordinación inadecuada de los músculos del suelo pélvico o un tránsito intestinal lento, el estreñimiento puede continuar.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

No. La decisión se toma valorando el tipo de prolapso, el estreñimiento, las operaciones previas, los problemas del suelo pélvico asociados y los riesgos propios del uso de malla.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

En la gran mayoría de las operaciones programadas de prolapso rectal no se necesita un estoma, es decir, una bolsa. Si surge un problema grave relacionado con la unión intestinal o una situación quirúrgica muy particular, en raras ocasiones puede ser necesario un estoma temporal.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

Si el tejido prolapsado no vuelve a entrar, se hincha cada vez más, adquiere un color morado oscuro o negro, o causa dolor intenso o un sangrado abundante, debe acudir a urgencias. Esta situación puede indicar que la irrigación sanguínea del tejido se ha alterado.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

En la mayoría de los pacientes, las actividades diarias ligeras pueden retomarse en poco tiempo. La vuelta al trabajo suele variar entre 2 y 4 semanas. Para levantar pesos y hacer ejercicio intenso debe esperarse el tiempo que recomiende su médico.

Prolapso rectal (Caída del intestino) →

La gran mayoría de las fístulas no se convierten en cáncer. Sin embargo, las fístulas que persisten desde hace mucho tiempo, cambian de aspecto, se endurecen, sangran más o no curan a pesar del tratamiento deben valorarse de nuevo. Especialmente en la enfermedad de Crohn de larga evolución, puede ser necesaria una biopsia ante la posibilidad, muy poco frecuente, de un tumor.

Fístula perianal (fístula anal) →

No. La fístula perianal criptoglandular no se transmite de una persona a otra. Por lo general no se debe a una falta de higiene personal.

Fístula perianal (fístula anal) →

No. La fístula perianal se forma entre el interior del canal anal y la piel que rodea el ano. El quiste pilonidal, en cambio, se desarrolla en la mayoría de los casos en la zona del coxis, en la piel y el tejido subcutáneo situados entre los glúteos.

Un quiste pilonidal localizado cerca del ano puede, en raras ocasiones, confundirse con una fístula. La distinción se hace mediante la exploración y, si es necesario, con una resonancia magnética.

Fístula perianal (fístula anal) →

No. La fisura anal es una grieta o herida que se forma en el canal anal. La fístula, en cambio, es un túnel que se desarrolla entre el canal anal y la piel. En la fisura predomina el dolor agudo, sobre todo al defecar; en la fístula predominan la hinchazón repetida y la secreción.

Fístula perianal (fístula anal) →

La mayoría de las fístulas criptoglandulares no se cierran por sí solas de forma permanente. El orificio externo puede cerrarse temporalmente, pero el trayecto que queda en el interior puede formar de nuevo un absceso.

Fístula perianal (fístula anal) →

Por lo general, no. Los antibióticos pueden ayudar a controlar una infección activa, pero a menudo no eliminan un trayecto fistuloso ya formado. Si hay un absceso, el tratamiento principal es el drenaje; para la fístula se necesita además un plan quirúrgico adecuado.

Fístula perianal (fístula anal) →

Depende del tipo de fístula y del método aplicado. En una fístula simple y baja, al abrir el trayecto puede verse afectada una parte muy pequeña del músculo. En las fístulas altas y complejas pueden preferirse métodos que preservan los músculos, como el setón, la técnica LIFT o el colgajo de avance, con el fin de preservar el control de las heces.

Fístula perianal (fístula anal) →

No existe un único método que sea el mejor para todos los pacientes. En las fístulas simples, la fistulotomía puede lograr una curación elevada, mientras que en las fístulas complejas el mismo procedimiento puede suponer un riesgo para el control de las heces. El método más adecuado se elige según los hallazgos de la resonancia magnética y de la exploración, la relación de la fístula con los músculos anales y las características del paciente.

Fístula perianal (fístula anal) →

No. El láser es un método que preserva los músculos anales y puede reducir el tamaño de la herida; sin embargo, no es adecuado para todas las fístulas y puede haber recurrencias. La evidencia sobre los resultados a largo plazo es más limitada que la de los métodos clásicos [1,3].

Fístula perianal (fístula anal) →

No. El setón suele utilizarse para permitir que la infección drene de forma segura y para preservar los músculos anales. En las fístulas complejas puede ser una parte planificada del tratamiento por etapas.

Fístula perianal (fístula anal) →

La mayoría de los pacientes con setón pueden caminar, trabajar y continuar con su vida diaria. Puede haber cierta secreción; puede ser necesario utilizar una compresa fina. Si el dolor o la hinchazón aumentan, debe consultar al médico.

Fístula perianal (fístula anal) →

El riesgo varía según la relación de la fístula con los músculos anales, el método aplicado, las operaciones previas y la función muscular antes de la operación. Pueden presentarse problemas diversos, desde dificultad para retener los gases hasta una incontinencia fecal más marcada. Unas pruebas de imagen adecuadas, la elección correcta del método y los tratamientos que preservan los músculos tienen como objetivo reducir este riesgo.

Fístula perianal (fístula anal) →

La recurrencia puede estar relacionada con las siguientes causas:

  • Trayecto secundario o absceso que pasa inadvertido
  • Imposibilidad de controlar el orificio interno
  • Fístula compleja o en herradura
  • Enfermedad de Crohn
  • Enfermedades que alteran la cicatrización de las heridas
  • Operaciones de fístula previas

En una fístula recurrente puede ser necesaria una valoración con resonancia magnética pélvica antes de una nueva intervención.

Fístula perianal (fístula anal) →

En la práctica totalidad de las fístulas perianales criptoglandulares no se necesita un estoma, es decir, una bolsa. En situaciones especiales, como una enfermedad de Crohn muy grave y resistente al tratamiento o una infección extensa que pone en peligro la vida, en raras ocasiones puede considerarse un estoma temporal.

Fístula perianal (fístula anal) →

Ante los siguientes síntomas debe acudir sin demora a un centro sanitario:

  • Dolor e hinchazón alrededor del ano que aumentan rápidamente
  • Fiebre alta o escalofríos
  • Enrojecimiento que se extiende por la piel
  • Decaimiento intenso
  • Imposibilidad de orinar
  • Dolor anal junto con diabetes no controlada o supresión del sistema inmunitario
  • Aparición de una hinchazón dolorosa después de que la secreción se haya detenido de repente

Estos síntomas pueden hacer pensar en un absceso nuevo o en un absceso que debe drenarse.

Fístula perianal (fístula anal) →

Los senos pequeños que no causan molestias pueden permanecer silenciosos durante mucho tiempo. Sin embargo, no se espera que el conducto que ya se ha formado bajo la piel desaparezca por completo por sí solo.

Si hay dolor, secreción o abscesos recurrentes, puede ser necesario un tratamiento. En los pacientes sin ninguna molestia, en cambio, puede preferirse la vigilancia tras la valoración médica.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

No. La enfermedad que no causa molestias puede vigilarse. En la enfermedad limitada pueden aplicarse el control del vello, el fenol, la extirpación de los pequeños orificios del seno o los métodos endoscópicos.

En la enfermedad extensa, compleja o recurrente puede ser necesaria una cirugía más amplia. El tratamiento se elige de forma individual según el aspecto de la enfermedad.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

Los antibióticos pueden reducir la infección de la piel de alrededor; sin embargo, por sí solos no eliminan el pus del interior de un absceso ya formado ni los conductos del seno.

Si hay un absceso, el tratamiento básico suele ser el vaciado quirúrgico del pus. Es el médico quien decide si se necesitan antibióticos.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

En la enfermedad limitada y sin absceso pueden aplicarse opciones como el fenol, la limpieza de los pequeños orificios de entrada del seno o los métodos endoscópicos. Sin embargo, estos métodos no son adecuados para todos los pacientes y en algunos puede ser necesario repetir el procedimiento.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

La depilación láser puede apoyar el tratamiento al reducir el vello de la zona y, en pacientes adecuados, puede disminuir el riesgo de recurrencia [4].

Sin embargo, no vacía un absceso activo y por sí sola no elimina los conductos extensos del seno. Por ello, no debe considerarse un sustituto del tratamiento principal, sino una parte del tratamiento según la situación de la enfermedad.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

Sí. Sea cual sea el método empleado, existe la posibilidad de que la enfermedad reaparezca. Esta posibilidad varía según la extensión de la enfermedad, el método empleado, la localización de la herida, el tipo de vello y la duración del seguimiento.

Las técnicas de cierre fuera de la línea media, el cuidado adecuado de la zona, el control del peso y, en pacientes seleccionados, la depilación láser pueden ayudar a reducir el riesgo de recurrencia [1,3,4].

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

La mayoría de los pacientes puede sentarse durante periodos cortos, en la medida en que el dolor lo permita. Sin embargo, permanecer sentado sin moverse durante mucho tiempo puede aumentar las molestias.

La restricción para sentarse varía según el método empleado. Lo más adecuado es seguir las recomendaciones de su cirujano y levantarse a intervalos regulares.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

El momento de la ducha varía según si la herida está abierta o cerrada y según el apósito utilizado. Algunos pacientes pueden ducharse desde los primeros días, mientras que en otros puede ser necesario proteger la herida durante un corto tiempo.

No deben aplicarse sobre la herida guantes exfoliantes, esponjas ásperas ni productos irritantes. Deben seguirse las indicaciones sobre la ducha y las curas que se le den a usted personalmente.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

Después de los procedimientos mínimamente invasivos, la vuelta a la vida diaria suele producirse en pocos días. Después de las operaciones con cierre de la herida con puntos, la vuelta a un trabajo de oficina o a la escuela suele llevar 1–3 semanas.

Para volver a trabajos pesados, a la bicicleta, al deporte intenso y a la natación, debe valorarse el estado de la herida. El tiempo exacto se determina según el método empleado y la velocidad de recuperación de cada persona.

Seno pilonidal (Quiste pilonidal) →

Que el dolor disminuya no significa que la enfermedad se haya resuelto con seguridad. Cuando el apéndice se perfora, el tipo o la localización del dolor pueden cambiar temporalmente y después puede aparecer un dolor abdominal más extendido. El dolor que aumenta en unas horas o que se localiza en la parte inferior derecha del abdomen requiere valoración médica.

Apendicitis →

No hay pruebas sólidas de que un tratamiento adecuado del dolor impida diagnosticar la apendicitis; en urgencias no debe retrasarse el control del dolor. Sin embargo, la persona no debe tomar analgésicos para aplazar la consulta médica, no debe empezar antibióticos por su cuenta y, ante un dolor abdominal intenso de causa desconocida, no debe usar laxantes ni enemas.

Apendicitis →

Como puede ser necesaria una operación o una sedación, es posible que al acudir al centro sanitario se le pida permanecer en ayunas durante un tiempo. Si tiene un dolor abdominal intenso, es más seguro consultar al equipo sanitario de urgencias antes de comer. Si tiene sed, diabetes u otra enfermedad, comuníqueselo al personal sanitario.

Apendicitis →

No. En los pacientes con apendicitis no complicada y estado general estable, la operación puede programarse dentro de las primeras 24 horas. En algunos pacientes seleccionados también puede plantearse el tratamiento antibiótico. Sin embargo, si hay perforación, infección extendida o deterioro del estado general, puede ser necesaria una intervención quirúrgica urgente.

Apendicitis →

La cirugía es el tratamiento definitivo que elimina la apendicitis y evita en gran medida el riesgo de recurrencia. El tratamiento antibiótico, en cambio, solo puede ser una opción en pacientes no complicados bien seleccionados. Si hay apendicolito, perforación, absceso o sospecha de tumor, la elección del tratamiento cambia. La decisión debe tomarse valorando conjuntamente los resultados de las pruebas de imagen y las preferencias personales.

Apendicitis →

En los niños también se ha investigado el tratamiento antibiótico en casos no complicados seleccionados. Sin embargo, la selección de los pacientes debe hacerse con cuidado; no debe haber apendicolito, perforación ni absceso. En los niños, la apendicectomía laparoscópica sigue siendo el tratamiento establecido y definitivo. La decisión debe tomarla el equipo de cirugía pediátrica.

Apendicitis →

En el embarazo no debe retrasarse el diagnóstico de apendicitis. La primera prueba de imagen suele ser la ecografía y, si el resultado no es suficiente, la RM. Cuando se confirma el diagnóstico, la cirugía es en la mayoría de los casos el tratamiento estándar, y la intervención necesaria puede realizarse en cualquier etapa del embarazo. Retrasar el tratamiento puede suponer un riesgo mayor para la madre y el bebé.

Apendicitis →

Aunque el apéndice tiene algunas funciones relacionadas con el sistema inmunitario, tras su extirpación no se produce ninguna carencia importante conocida en el aparato digestivo ni en el sistema inmunitario. Los pacientes pueden continuar con su vida normal después de la apendicectomía.

Apendicitis →

Cuando el apéndice se extirpa por completo, no se espera que la apendicitis reaparezca. Muy raramente puede desarrollarse una “apendicitis del muñón” en la parte del apéndice que ha quedado. Aunque la operación se haya realizado hace años, un dolor intenso de nueva aparición en la parte inferior derecha del abdomen debe ser valorado.

Apendicitis →

Tras una cirugía laparoscópica no complicada, la vuelta al trabajo de oficina puede ser posible en la mayoría de los pacientes en 1–2 semanas. En los trabajos físicos pesados, tras una cirugía abierta o en la apendicitis perforada puede necesitarse más tiempo. El momento exacto se determina según los hallazgos quirúrgicos y el ritmo de recuperación de cada persona.

Apendicitis →

No. El rectocele no es un cáncer y no se convierte en cáncer. Sin embargo, si hay cambios en la defecación, sangrado, anemia o pérdida de peso, es necesario descartar otras enfermedades intestinales.

Rectocele →

No. En el rectocele, la pared anterior del recto forma una bolsa hacia la vagina. En el prolapso rectal, en cambio, el recto se desliza hacia abajo y a veces sale por el ano. Las dos situaciones pueden darse a la vez en la misma paciente.

Rectocele →

El rectocele anatómico puede no desaparecer por completo. Sin embargo, con la regulación del tránsito intestinal y el tratamiento del suelo pélvico, las molestias pueden disminuir de forma importante. El rectocele que no causa síntomas no necesita tratamiento.

Rectocele →

No. En la mayoría de las pacientes se aplican primero tratamientos sin cirugía. La operación solo se plantea en pacientes bien seleccionadas con molestias marcadas y resistentes al tratamiento.

Rectocele →

No. Un rectocele grande puede causar pocos síntomas, y uno más pequeño puede afectar a la defecación. La decisión se toma según las molestias, la exploración y si el rectocele se vacía o no durante la defecación.

Rectocele →

Que la defecación resulte más fácil al presionar la pared posterior de la vagina o el periné puede hacer pensar en un rectocele. Sin embargo, el prolapso rectal interno y la coordinación inadecuada de los músculos del suelo pélvico también pueden causar el mismo síntoma.

Rectocele →

La fisioterapia del suelo pélvico puede no conseguir que el rectocele desaparezca anatómicamente por completo. Sin embargo, al enseñar a usar correctamente los músculos, puede reducir el esfuerzo, la dificultad para defecar y algunas molestias del suelo pélvico.

Rectocele →

En algunas pacientes puede haber plenitud vaginal, presión o molestias durante las relaciones. Después del tratamiento quirúrgico también puede aparecer una sensibilidad pasajera o, en raras ocasiones, dolor durante las relaciones. Estas molestias deben hablarse abiertamente con el médico al planificar el tratamiento.

Rectocele →

En la mayoría de las reparaciones vaginales estándar del rectocele se utilizan los propios tejidos de la paciente. La malla solo puede valorarse en situaciones seleccionadas y como parte de otras operaciones del suelo pélvico. Si se va a utilizar una malla, deben hablarse con detalle sus beneficios y sus riesgos específicos.

Rectocele →

En la gran mayoría de las operaciones de rectocele no se necesita un estoma, es decir, una bolsa. Puede ser necesario de forma muy excepcional si se produce una complicación intestinal grave o en una situación quirúrgica muy particular.

Rectocele →

Las actividades diarias ligeras pueden retomarse en poco tiempo. La vuelta a un trabajo de oficina suele ser posible en 2–4 semanas. Para levantar pesos, hacer ejercicio y mantener relaciones sexuales debe esperarse el tiempo que indique su médico.

Rectocele →

Estas respuestas tienen fines informativos generales; no sustituyen al consejo médico personalizado. La decisión sobre el diagnóstico y el tratamiento se toma después de la consulta.

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Puede hacer todas sus preguntas durante la consulta. Los pacientes son atendidos los jueves.

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