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Visión general
Tumor hepático es una denominación general que se refiere a la presencia en el hígado de un tejido o una masa diferente de lo normal. Las palabras «tumor» o «masa» no siempre significan cáncer. Hoy en día, debido al uso frecuente de la ecografía, la tomografía computarizada (TC) y la RM, también se descubren con frecuencia lesiones hepáticas benignas que no causan ninguna molestia [1].
Las masas hepáticas se dividen en general en tres grupos:
Tumores hepáticos benignos
Son lesiones que no son cáncer y que en la mayoría de los casos se detectan de forma casual durante una prueba de imagen realizada por otro motivo. Las más frecuentes son:
- Hemangioma: Es una masa benigna que se desarrolla a partir de las estructuras vasculares del hígado y que en la mayoría de los casos no requiere tratamiento.
- Hiperplasia nodular focal (HNF): Es una formación benigna que suele aparecer en un hígado sano y que no tiene riesgo de malignización.
- Adenoma hepatocelular: Es una masa menos frecuente. Como algunos de sus tipos tienen riesgo de crecimiento, sangrado o, en raras ocasiones, transformación maligna, puede necesitarse un seguimiento más estrecho o un tratamiento.
- Quistes hepáticos simples: Son estructuras llenas de líquido y en la mayoría de los casos inofensivas [1,2].
Cánceres que se originan en el propio tejido hepático
Se denominan «cáncer primario de hígado». Sus principales tipos son:
- Carcinoma hepatocelular (CHC): Se origina en las células del hígado y es el cáncer primario de hígado más frecuente en los adultos.
- Colangiocarcinoma intrahepático: Es el cáncer que se origina en las vías biliares del interior del hígado [3–6].
Los factores de riesgo, las características biológicas y los tratamientos de estas dos enfermedades son diferentes.
Metástasis hepáticas
La extensión al hígado de un cáncer que se ha iniciado en otro órgano se denomina metástasis hepática. Pueden extenderse al hígado, sobre todo, los cánceres de intestino grueso y de recto, pero también los de páncreas, estómago, mama, pulmón y algunos otros.
La metástasis no es un cáncer propio del hígado. Por ejemplo, la extensión de un cáncer de intestino grueso al hígado no se considera un «cáncer de hígado», sino un «cáncer de intestino grueso con metástasis hepáticas». El tratamiento se planifica según el órgano en el que se inició el cáncer y la extensión de la enfermedad [7].
Síntomas y factores de riesgo
¿Qué síntomas pueden causar los tumores hepáticos?
Las masas hepáticas pequeñas a menudo no causan ningún síntoma. Cuando la masa crece o afecta al funcionamiento del hígado, pueden aparecer las siguientes molestias:
- Dolor, presión o sensación de plenitud en la parte superior derecha del abdomen
- Falta de apetito y sensación de saciedad precoz
- Pérdida de peso sin explicación
- Debilidad y cansancio
- Náuseas
- Hinchazón del abdomen o acumulación de líquido
- Color amarillento de los ojos y de la piel
- Orina oscura y heces de color claro
- Picor en la piel
- Facilidad para la aparición de hematomas o sangrados
Estos síntomas pueden tener muchas causas diferentes y por sí solos no significan cáncer. Sin embargo, las molestias que persisten o que van en aumento deben ser valoradas por un médico.
¿Cuáles son los factores de riesgo del carcinoma hepatocelular?
El CHC se desarrolla sobre todo en personas con una enfermedad hepática de larga duración. Los principales factores de riesgo son:
- Cirrosis hepática
- Infección crónica por hepatitis B
- Infección crónica por hepatitis C
- Enfermedad hepática relacionada con el consumo de alcohol
- Enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica
- Obesidad y diabetes tipo 2
- Algunas enfermedades hepáticas hereditarias
- Exposición prolongada a la toxina llamada aflatoxina
A las personas con cirrosis y a las que pertenecen a determinados grupos de alto riesgo se les suele recomendar, para detectar precozmente el CHC, un cribado con ecografía hepática cada seis meses y, cuando sea necesario, con el análisis de sangre de AFP. El programa de seguimiento exacto se determina según la enfermedad hepática de cada persona [3,4].
¿Por qué se forman los tumores benignos?
En la mayoría de los hemangiomas y de las HNF no se encuentra una causa evidente. El adenoma hepatocelular, en cambio, puede estar relacionado en algunas personas con:
- Los anticonceptivos que contienen estrógenos
- El consumo de esteroides anabolizantes
- El exceso de peso y las enfermedades metabólicas
- Algunas enfermedades hereditarias poco frecuentes. Los medicamentos no deben suspenderse sin valoración médica [1,2].
¿Cómo se diagnostica?
Cuando se detecta una masa en el hígado, se busca en primer lugar la respuesta a las siguientes preguntas:
- ¿La masa es benigna o maligna?
- ¿Se ha originado en el propio hígado o se ha extendido desde otro órgano?
- ¿Es única o hay más de una?
- ¿Cuál es su relación con los vasos sanguíneos o con las vías biliares?
- ¿La parte restante del hígado está lo suficientemente sana?
Pruebas de imagen
Las exploraciones más utilizadas en el diagnóstico son:
- Ecografía: Es un método sin radiación que se utiliza con frecuencia en la primera valoración del hígado.
- TC multifásica con contraste: Muestra en qué fase capta la masa el contraste, su relación con los vasos sanguíneos y las demás estructuras del abdomen.
- RM hepática con contraste: Es muy útil para valorar con detalle la estructura de las masas y para distinguir entre sí las lesiones benignas.
- PET-TC: No es necesaria en todas las masas hepáticas; en algunos cánceres puede utilizarse para determinar la extensión de la enfermedad.
No todas las masas que se ven en la ecografía son tumores. Situaciones como las zonas respetadas por la esteatosis o la esteatosis focal también pueden dar un aspecto de masa. Por ello, para una valoración definitiva suele ser necesaria una TC o una RM con contraste [1,3].
Análisis de sangre
Su médico puede solicitar las siguientes pruebas:
- Pruebas de función hepática
- Hemograma y pruebas de coagulación
- Pruebas de hepatitis B y hepatitis C
- Pruebas de función renal
- AFP
- Marcadores tumorales seleccionados, como el CEA y el CA 19-9
Los marcadores tumorales pueden ayudar al diagnóstico, pero por sí solos no permiten diagnosticar un cáncer. Un resultado normal no descarta por completo un cáncer, y un resultado elevado tampoco significa siempre que haya un cáncer.
¿Se hace una biopsia de todas las masas hepáticas?
No. Algunas lesiones, como el hemangioma, la HNF o el CHC típico en un paciente con cirrosis, pueden reconocerse de forma fiable con una prueba de imagen adecuada valorada por un radiólogo con experiencia. En estos casos puede no ser necesaria una biopsia.
Si los hallazgos de imagen no son concluyentes, si el paciente tiene otro cáncer conocido o si el resultado va a cambiar el tratamiento, puede realizarse una biopsia con aguja. La decisión de hacer una biopsia debe tomarla un equipo multidisciplinar, valorando el riesgo de sangrado y las características de la masa [1,3,4].
Opciones de tratamiento
El tratamiento varía según el tipo, el número, el tamaño y la localización de la masa. También influyen en la decisión la capacidad de funcionamiento del hígado, la presencia de cirrosis, si la enfermedad se ha extendido o no a otros órganos y el estado general de salud del paciente.
Por ello, es importante que los tumores hepáticos sean valorados por un equipo multidisciplinar formado por un cirujano hepatobiliar, un especialista en gastroenterología o hepatología, un oncólogo médico, un radiólogo intervencionista, un oncólogo radioterápico, un radiólogo y un patólogo [3–7].
¿Cómo se tratan los tumores hepáticos benignos?
Hemangioma
En los hemangiomas con características típicas en las pruebas de imagen y que no causan molestias, en la mayoría de los casos no se necesita tratamiento. Su gran tamaño por sí solo no siempre es motivo de operación. Si hay un crecimiento marcado, dudas en el diagnóstico, compresión de los órganos vecinos o complicaciones poco frecuentes, puede valorarse el tratamiento [1,2].
Hiperplasia nodular focal
La HNF típica no se maligniza y en la mayoría de los casos no requiere tratamiento ni pruebas de imagen continuas. Si el diagnóstico no es seguro o si se piensa que las molestias se deben realmente a esta masa, puede realizarse una valoración adicional [1].
Adenoma hepatocelular
En los adenomas, el tratamiento se determina según el tamaño de la masa, su subtipo, el sexo de la persona y si crece o no.
Puede recomendarse suspender, bajo control médico, los medicamentos que contienen estrógenos, dejar de consumir esteroides anabolizantes y reducir el exceso de peso. Algunos adenomas pueden disminuir de tamaño con estas medidas.
La operación se plantea con más frecuencia en los adenomas detectados en hombres, en determinados subtipos moleculares y en las lesiones que siguen creciendo o que se mantienen en aproximadamente 5 centímetros o más. El motivo es el riesgo de sangrado y de transformación maligna [1,2].
¿Cómo se trata el carcinoma hepatocelular?
En el tratamiento del CHC no solo es importante el estadio del tumor, sino también la capacidad de funcionamiento del hígado. Las principales opciones son las siguientes:
- Resección hepática: Es la extirpación quirúrgica de la parte del hígado que contiene el tumor. Es necesario que el tejido hepático restante sea suficiente y esté sano.
- Trasplante de hígado: En pacientes seleccionados puede tratar tanto el tumor como la cirrosis subyacente. La idoneidad se determina según el número y el tamaño de los tumores, la afectación vascular y otras características médicas.
- Ablación: Es la destrucción de tumores pequeños mediante su quemado con energía de radiofrecuencia o de microondas.
- Tratamientos transarteriales: Son métodos como la administración de medicamentos y de una sustancia oclusiva a través del vaso que alimenta el tumor (TACE) o la aplicación de partículas radiactivas (TARE/radioembolización).
- Radioterapia: En pacientes seleccionados pueden utilizarse métodos de precisión como la radioterapia corporal estereotáctica.
- Tratamiento sistémico: En estadio avanzado pueden aplicarse medicamentos dirigidos al sistema inmunitario, terapias dirigidas o combinaciones de ellos.
Las guías actuales sitúan, en pacientes adecuados, las combinaciones de tratamientos dirigidos al sistema inmunitario entre las principales opciones del CHC avanzado. Sin embargo, la elección del tratamiento se individualiza según la función hepática, el riesgo de sangrado, las enfermedades asociadas y los tratamientos aplicados previamente [3–5].
¿Cómo se trata el colangiocarcinoma intrahepático?
Si la enfermedad está limitada al hígado y puede extirparse con seguridad, el tratamiento básico es extirpar el tumor junto con suficiente tejido sano de alrededor y los ganglios linfáticos regionales.
En la enfermedad que no puede operarse o que se ha extendido a otras zonas, pueden utilizarse la quimioterapia, la inmunoterapia y, en pacientes seleccionados, tratamientos locorregionales. En la enfermedad avanzada es importante el estudio molecular del tejido tumoral. La presencia de características como FGFR2, IDH1, BRAF, HER2, NTRK y MSI/dMMR puede ofrecer a algunos pacientes la opción de un medicamento dirigido o de inmunoterapia [6].
¿Cómo se tratan las metástasis hepáticas?
El tratamiento de las metástasis se planifica según el órgano en el que se inició el cáncer. Entre las opciones de tratamiento pueden figurar:
- Quimioterapia sistémica
- Medicamentos dirigidos o inmunoterapia
- Resección hepática
- Ablación
- TACE o radioembolización
- Radioterapia estereotáctica
- La combinación de estos métodos en distintas secuencias.
Sobre todo en las metástasis limitadas al hígado procedentes de un cáncer de intestino grueso y de recto, la extirpación quirúrgica puede ofrecer a algunos pacientes un control prolongado de la enfermedad y una posibilidad de curación. Algunas metástasis que al principio no pueden operarse pueden hacerse operables tras reducirse con el tratamiento farmacológico. Por ello, aunque en la primera valoración la operación no parezca posible, puede ser útil pedir la opinión de cirugía hepatobiliar [7].
Recuperación y seguimiento
¿Cómo es la recuperación después de una operación de hígado?
Cuando se extirpa una parte del hígado, la parte sana restante puede aumentar de volumen con el tiempo. Esto se denomina capacidad de regeneración del hígado. Sin embargo, para que la operación sea segura, es necesario dejar una cantidad suficiente de tejido hepático que funcione adecuadamente.
Que la operación se realice por vía laparoscópica o abierta, la cantidad de hígado extirpada, la presencia de cirrosis y el estado general de la persona influyen en el tiempo de recuperación.
Después de la operación:
- Se controla el dolor.
- Se empieza pronto a caminar y a hacer ejercicios respiratorios.
- La alimentación se reintroduce de forma progresiva.
- Se vigilan las pruebas hepáticas y los valores sanguíneos.
- Se aplican medidas para prevenir la formación de coágulos.
La estancia en el hospital puede ser de unos pocos días en las intervenciones pequeñas y más larga en las operaciones hepáticas amplias. En la mayoría de los pacientes, la vuelta a la vida diaria se produce de forma progresiva a lo largo de semanas.
¿Por qué es importante el seguimiento regular?
El objetivo del seguimiento es:
- Detectar precozmente la reaparición del tumor tratado
- Valorar si se ha formado una nueva lesión en el hígado
- Controlar enfermedades subyacentes como la cirrosis o la hepatitis
- Vigilar el efecto del tratamiento sobre la función hepática
- Ofrecer apoyo ante los problemas de alimentación, pérdida de peso y calidad de vida.
En el seguimiento pueden utilizarse la exploración, los análisis de sangre, los marcadores tumorales y la TC o la RM con contraste. La frecuencia de los controles se establece de forma individual según el tipo de tumor, su estadio y el tratamiento aplicado.
Si después de la operación aparece fiebre alta, dolor abdominal que va en aumento, ictericia, hinchazón marcada del abdomen, vómitos persistentes, dificultad para respirar, alteración del nivel de conciencia o secreción en la herida, debe ponerse en contacto sin demora con el equipo sanitario.
Preguntas frecuentes
Me han encontrado una masa en el hígado; ¿es seguro que se trata de un cáncer?
No. Una parte importante de las masas detectadas de forma casual en el hígado son formaciones benignas, como el hemangioma, la HNF o el quiste simple. Sin embargo, para determinar el tipo de masa deben valorarse conjuntamente sus antecedentes de cáncer, sus enfermedades hepáticas y los hallazgos de las pruebas de imagen con contraste [1].
¿Un tumor hepático puede detectarse con un análisis de sangre?
Un análisis de sangre por sí solo no permite establecer un diagnóstico definitivo. Marcadores como la AFP, el CEA y el CA 19-9 pueden ayudar en algunos pacientes al diagnóstico y al seguimiento; sin embargo, que sean normales no descarta un cáncer, y que estén elevados tampoco significa con certeza que haya un cáncer.
¿Es necesario hacer una biopsia de todas las masas hepáticas?
No. Algunas masas benignas y el CHC típico en pacientes con cirrosis pueden reconocerse sin biopsia mediante una TC o una RM con contraste adecuadas. Si la prueba de imagen no es concluyente o si el resultado de la biopsia va a cambiar el plan de tratamiento, puede tomarse una muestra de tejido.
¿Se puede extirpar por completo un tumor hepático con una operación?
En algunos pacientes, sí. Para ello es necesario que el tumor pueda extirparse técnicamente, que la enfermedad en otras partes del cuerpo esté controlada y que después de la operación quede suficiente tejido hepático funcionante. La decisión debe tomarse de forma individual en un comité multidisciplinar.
Si se extirpa una parte del hígado, ¿vuelve a crecer?
El tejido hepático sano restante puede aumentar de volumen después de la operación. Sin embargo, esto no significa que la parte extirpada se forme de nuevo de la misma manera. La capacidad de regeneración puede verse afectada por la cirrosis, el daño causado por la quimioterapia, la esteatosis y otras enfermedades hepáticas.
Si hay metástasis hepáticas, ¿la enfermedad es necesariamente intratable?
No. Las metástasis hepáticas pueden indicar que la enfermedad está en un estadio avanzado; sin embargo, sobre todo en el caso de un número limitado de metástasis procedentes de un cáncer de intestino grueso y de recto, en algunos pacientes la enfermedad puede controlarse durante mucho tiempo combinando la cirugía, la ablación y los tratamientos farmacológicos. En algunos pacientes seleccionados puede ser posible la extirpación quirúrgica completa [7].
¿Qué método quirúrgico se aplica en un tumor hepático?
Según la localización del tumor, puede extirparse una pequeña parte del hígado, un segmento o una parte más amplia. En pacientes adecuados pueden utilizarse métodos laparoscópicos o robóticos. En los tumores grandes, cercanos a los vasos sanguíneos o múltiples, puede ser necesaria una cirugía abierta. Lo más importante no es el nombre del método utilizado, sino extirpar el tumor con márgenes seguros y conservar suficiente tejido hepático funcionante.
¿Se necesita quimioterapia después de la operación?
Esta decisión depende del tipo de tumor y del resultado de anatomía patológica. En el CHC no es necesario en todos los pacientes un tratamiento farmacológico rutinario después de la operación. En el colangiocarcinoma intrahepático y en las metástasis hepáticas, en cambio, el tratamiento sistémico antes o después de la operación puede aplicarse con más frecuencia. El plan personal lo establece el comité de oncología.
¿Se puede prevenir el cáncer de hígado?
No se pueden prevenir todos los casos. No obstante, vacunarse contra la hepatitis B, tratar las infecciones por hepatitis B y C, evitar el consumo excesivo de alcohol, mantener un peso saludable y mantener controladas la diabetes y la enfermedad del hígado graso pueden ayudar a reducir el riesgo de CHC. Para las personas con cirrosis o con una enfermedad hepática crónica de alto riesgo, seguir un programa de cribado regular es importante para el diagnóstico precoz [3,4].
Referencias
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Información importante: La información de esta página se ha elaborado con fines de información general, a partir de la literatura científica actual y de guías internacionales. La información aquí recogida no sustituye la exploración personal, el estudio de anatomía patológica ni la valoración por un comité multidisciplinar. Las características clínicas de cada paciente son diferentes. Las personas con sospecha de cáncer de hígado, con síntomas o con factores de riesgo deben acudir al médico para una valoración personal.